Estadísticas

Noticias destacadas de Opinión

Detrás de las estadísticas —esos números a veces fríos y distantes, muchas veces incomprendidos, algunas veces manoseados y otras más manipulados— se esconden millones de historias de seres humanos de carne y hueso. Detrás de las negativas, como una muerte o un desempleado más, hay un drama que afecta a un individuo, una familia.

Seis millones, por ejemplo, es una estadística. Ese es el número de judíos que murieron en el Holocausto. Pero dicho así no se alcanza uno a imaginar lo que hay detrás de cada una de esas vidas. Generaciones enteras que no vieron la luz del sol. Niños, niñas, hombres y mujeres a quienes no se les dio una oportunidad para vivir.

A pesar de esto, las estadísticas son la mejor herramienta que conocemos para tomar decisiones en materia de política pública. Solo con estadísticas se puede medir el impacto real de una u otra política adoptada. Solo con estadísticas se puede saber a quién se impacta y la medida de ese impacto. Las estadísticas son fundamentales y están en el centro de las decisiones que debemos tomar como sociedad.

Detrás de la estadística de desempleo publicada por el DANE la semana pasada se esconden millones de historias dramáticas. Detrás de cada muerte adicional por COVID-19 que publica el Ministerio de Salud diariamente hay una familia que sufre. Pero no tenemos ninguna otra herramienta distinta a la estadística para poner estas cosas en perspectiva.

Según el DANE, la tasa de desempleo entre abril de 2019 y abril de 2020 se incrementó en 9,5 %, llegando al 19,8 % (23,5 % en las 13 áreas metropolitanas). Esto es un aumento de 5,4 millones de personas desocupadas. Según el último reporte de Minsalud, en el país hay 20.181 casos activos de virus y 890 fallecidos por la misma causa en lo corrido del año.

No es difícil concluir que la totalidad del incremento de desocupados en el país obedece al aislamiento obligatorio. Pero creo que nadie se imaginaba que el impacto de esas medidas iba a ser de semejante magnitud en el empleo. Por cada caso activo hay 268 desocupados nuevos. Por cada muerto hay 6.067 desocupados nuevos. Frías estadísticas, pero nos ayudan a poner las cosas en perspectiva.

Las medidas de aislamiento obligatorio se tomaron, con tino y certeza, para salvar vidas y fortalecer los sistemas de salud a lo largo y ancho del país. Se han hecho enormes esfuerzos en ese frente, y hoy Colombia cuenta con más unidades de cuidados intensivos para atender a los pacientes de COVID-19. Pero no podemos olvidar las consecuencias de esto. Miles de vidas salvadas, sin duda. Además de 5,4 millones de personas sin trabajo, con un mayor impacto en mujeres entre 25 y 34 años, en un país con unas leyes laborales anacrónicas, poco flexibles, donde tal vez muchos de estos puestos de trabajo no se recuperarán nunca.

No hay otro camino que seguir abriendo poco a poco la economía, por lo que debemos aprender a convivir con el virus. Acatar estrictamente las normas de bioseguridad, autorregularnos, aislarnos de manera voluntaria en los casos en que podamos. La ciudadanía y su comportamiento son un pilar fundamental —el más importante, quizá— para impedir que el virus siga mandando personas a hospitales y cementerios. Y el único que ayuda a balancear los impactos del virus con los terribles efectos de la catástrofe económica que se le vino encima a Colombia.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.