Por: Cartas de los lectores

Detrás del Catatumbo

Durante los últimos 50 años, la región del Catatumbo ha sido una de las zonas más golpeadas por la violencia en el país; por eso en la memoria de sus habitantes están las imágenes que retrataron la magnitud de la guerra que allí se vive y que por desgracia se volvieron recurrentes.

Son pocos los que se atreven a hablar, quienes lo hacen afirman que la región se encuentra en una permanente zozobra, incluso miembros de entidades estatales han tenido que salir por amenazas y señalan que los habitantes viven con temor.

Las familias que llevan la cicatriz del pasado no quieren repetir los años de guerra que cobraron la vida de cientos de personas en hostigamientos, campos minados, masacres y desapariciones por parte de las guerrillas, autodefensas y grupos del narcotráfico.

Tras el Acuerdo de Paz con las Farc, persiste la presencia del Eln, Epl, bandas del narcotráfico y contrabando que han vuelto a disparar la cifra de muertos, los casos de ataque a la población y a la fuerza pública.

Los pobladores del Catatumbo reconocen que en la zona existen cultivos ilícitos y grupos armados ilegales; muchas de las familias afirman que la coca ha sido una alternativa en la región, porque de esta forma sus hijos han accedido a la educación y las comunidades logran el sostenimiento de sus seres queridos. Por eso piden que el Gobierno centre su mirada en los campesinos, que tras años de violencia y olvido estatal sean tema importante en la agenda nacional.

Pero detrás de esa violencia hay una tierra escondida en la cordillera oriental, de exuberante belleza natural, de riqueza agropecuaria y de subsuelo e importancia arqueológica y cultural para el país.

Son 11 los municipios que conforman esta subregión en el departamento de Norte de Santander: Ábrego, Convención, El Carmen, El Tarra, Hacarí, La Playa, Ocaña, San Calixto, Sardinata, Teorama y Tibú, zonas ricas en petróleo y despensa agrícola para Colombia y el mundo.

Los habitantes desconocen el futuro de su región, pero de lo que sí están seguros y afirman con orgullo es que son hombres y mujeres que empuñan la bandera de la paz, el desarrollo y la convivencia y que siempre esperan mostrar esa otra cara, la amable, la productiva, la folclórica.

Hoy solo piden una oportunidad para visibilizar también lo bueno y positivo de su gente y de su tierra.

Alejandra Benavides. Comunicadora social y periodista.

Envíe sus cartas a [email protected].

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