¿Devorarnos los unos a los otros?

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En momentos en que el país y el mundo, toda la civilización, afrontan el desafío más relevante desde la Segunda Guerra Mundial, no parece sensato promover la polarización. Es hora de proponer y construir sobre lo que nos une y no lo que nos divide. Nuestro primer objetivo como sociedad en el actual periodo debe ser la derrota de la enfermedad y no quienes piensan o gobiernan “diferente”.

Quienes se encuentran en la oposición pueden hacer esperar sus ambiciones un poco. Aplazarlas hasta un momento, cuando menos, más oportuno. No podemos permitir que la polarización en la pandemia conduzca al país hasta donde ya llevó a Italia, España, Brasil, Estados Unidos y, sí, Reino Unido. Lo menos que podemos reclamar de nuestros políticos, invocando su condición de seres humanos e inteligentes, es que no conviertan un asunto de todos en una bandera electoral.

Se encuentra probada una alta correlación entre sociedades divididas por la mala política y éxito del coronavirus, que pudo prosperar, inicialmente, en países con una desbordada pugnacidad política que les impidió “ver” el virus y a los que les fue, al comienzo, indiferente, como en Italia y España, desde donde se propagó incluso a nuestro país. La mala política, la búsqueda o manutención del poder a cualquier costo, se halla en el origen de su multiplicación exponencial.

Al tratar un problema de salud pública como si fuera una elección individual, muchos se equivocaron y, para no asumir la falta, persistieron en su error hasta llegar ellos mismos a contagiarse. Las cifras, en esos países, son incontrovertibles: Estados Unidos, que cada día rompe sus propios récords de contagios, 9.657 casos por millón de habitantes; Brasil, 8.193; Reino Unido, donde la tasa de letalidad es del 15%, 4.316; Italia, 4.000, y España, 6.412.

Colombia, entre tanto, ha logrado mantener una cifra comparativamente baja —2.591— en una tendencia que debemos proteger como preciado patrimonio público. En la gestión de la crisis los gobiernos, nacionales y locales, que defienden la vida, en realidad la primera línea de defensa de todos, elegidos por la ciudadanía en circunstancias reales, y no en las que le puedan parecer a cada quien, merecen en principio todo nuestro respaldo en un momento como el que afrontamos.

La ausencia de objetividad en los juicios de la mala política se encuentra científicamente probada e identificada como una predisposición a observar los hechos de quienes no piensan como “ellos” negativamente y los de sus amigos o correligionarios de manera positiva. Un mundo de “malos” y “buenos”, moralistas e inmorales, negros y blancos, símbolos y estereotipos a cambio de razones, evidencia y argumentos. Un mundo, por demás, sencillo y fácil de entender, digerir y vender que no se asimila al mundo real, siempre más complejo.

Es diferente seducir al electorado y ganar elecciones, a gobernar. El desafío de mandatarios como Trump, Bolsonaro y, en su momento, López Obrador no tiene una explicación razonable o científica. El no uso del tapabocas, convertido en símbolo político, es una agresión a la salud de todos como también lo es, en alguna medida, el intento de privilegiar los intereses individuales, los suyos en particular, sobre los colectivos, como lo hacen en nuestro país los fúricos e irracionales “rebeldes” de las canas. Al Estado le corresponde proteger el interés general, incluidos sus vecinos y familiares que pueden contagiarse, no el de alguna élite o grupo de personas.

Capítulo aparte merecen quienes observan en esta enorme tragedia humana una oportunidad para cumplir sus objetivos políticos, aprovechando que ante una emergencia de tal magnitud todos, incluidas las instituciones, somos puestos a prueba. Finalmente, la solidaridad debe imponerse al egoísmo; la grandeza, a la pequeñez de espíritu, y la vida, a la enfermedad. Muchas cosas han cambiado con la pandemia. La mala política no es, como hemos visto, una de ellas.

Posdata 1. Es imperativo informar a la ciudadanía los escenarios y tiempos esperados en la evolución de la enfermedad, con fundamento en los modelos matemáticos utilizados, como una manera de reducir la incertidumbre. También los escenarios esperados por el Gobierno para una vacuna. Desde el punto de vista de la gestión, decir que “se demora” ya no es suficiente.

Posdata 2. El fallo incomprensible de la Corte Constitucional sobre las sesiones virtuales del Congreso parece un buen ejemplo del popular “sí pero no” acuñado en el lenguaje político. Si la virtualidad resulta en algún momento inconveniente, también pueden serlo, insistimos, la ley de gravedad, los zancudos transmisores de enfermedades y el mismo coronavirus. ¿Serán inconstitucionales en otro contexto?

@herejesyluis

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