Día de ilusiones, día de decepciones

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Chile lleva diez días paralizado por protestas callejeras. En Bolivia un presidente se reelige aunque la Constitución lo prohíba y la oposición cree que lo ha logrado mediante fraude electoral. En Estados Unidos gobierna un dueño de casinos, un especulador inmobiliario, un abusador de mujeres y un payaso. La mitad de la población catalana está en la calle protestando y pidiendo independencia, mientras la otra mitad va a trabajar imprecando contra las protestas nacionalistas. En Reino Unido los partidarios del brexit creen que abandonar la Unión Europea devolverá a la isla su antigua grandeza, y los opositores al brexit piensan que los llevará al aislamiento y a la quiebra. Los chinos de Hong Kong salen en millones a la calle para no ser incluidos entre los chinos sometidos a la dictadura del partido en Pekín…

Muchos expertos inconformes aseguran que el malestar en la democracia es simplemente fruto de la desigualdad creciente que ha producido el neoliberalismo y que la gente está en la calle porque sus salarios de mierda no son nada comparados con lo que ganan cada día los ricos. Otros expertos conformes con el statu quo, en cambio, afirman que quienes protestan son simplemente hordas de zombis manipuladas por los populistas que solo admiten el gobierno de ellos mismos y, si gobiernan los que propician cambios benéficos, pero lentos, entonces les hacen (en la calle) la vida imposible. Y hoy en Colombia tenemos elecciones que —me temo— nos dejarán a muchos bastante más insatisfechos que contentos.

 

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