Día Mundial del Medio Ambiente

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El pasado viernes 5 de junio se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente, cuyo evento principal tuvo sede en nuestro país. En dicha celebración participaron diferentes líderes gubernamentales, científicos, celebridades y personas de todo el mundo, quienes, a través de debates y conferencias virtuales, destacaron las complejas problemáticas ambientales que enfrenta nuestro planeta. La conmemoración de esta fecha se remonta a la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano (CNUMAH), conocida también como Conferencia de Estocolmo, realizada el 5 y 6 de junio de 1972; esta fue la primera gran conferencia en donde se discutieron cuestiones ambientales, la cual marcó un punto de inflexión en el desarrollo de políticas internacionales en esta línea y es reconocida como el comienzo de la conciencia política y pública de los problemas ambientales globales.

Aunque este acontecimiento, en principio, puso en el foco de la atención mundial las problemáticas ambientales derivadas del desarrollo económico hiperconsumista y predador de la naturaleza, y planteó la necesidad de tomar medidas gubernamentales que protegieran y preservaran el medio ambiente; hoy, casi medio siglo después, las acciones tomadas y los acuerdos establecidos a lo largo de 48 años, aunque necesarios, resultan insuficientes para detener el deterioro ambiental y los impactos del libre mercado sobre los diversos ecosistemas naturales del planeta.

En esta oportunidad, la conmemoración estuvo centrada en el reconocimiento de la biodiversidad, su importancia y la formulación de acciones concretas desde los gobiernos y las poblaciones para protegerla y preservarla. Si bien esta reflexión es importante, también es necesario replantear las lógicas de desarrollo occidental impuestas por la modernidad, fundamentadas en el control, dominio, manipulación y explotación de la naturaleza, reflejadas en las economías extractivas y predadoras, que, en países como Colombia, constituyen una lamentable base del desarrollo económico. En esa medida, como he afirmado en anteriores oportunidades, la problemática ambiental corresponde a la crisis civilizatoria de nuestro tiempo; esta no involucra únicamente los impactos nocivos sobre el ambiente, la aceleración del cambio climático o la pérdida de diversidad biológica tanto a nivel de especies como de ecosistemas, sino que, además, se encuentra relacionada con las condiciones de desigualdad, inequidad y desprotección en las que habitan muchas comunidades humanas.

La crisis ambiental se transforma así en un conflicto que va más allá de la pérdida de bienes y servicios ecológicos, generando una pérdida de la existencia no solo en el aspecto material, sino también en cuanto al sentido mismo de la vida. Como afirma Enrique Leff, “la problemática ambiental emerge como una crisis de la civilización: de la cultura occidental, de la racionalidad de la modernidad, de la economía del mundo globalizado. No es una catástrofe ecológica ni un simple desequilibrio de la economía. Es el desquiciamiento del mundo al que conduce la cosificación del ser y la sobreexplotación de la naturaleza; es la pérdida del sentido de la existencia que genera el pensamiento racional en su negación de la otredad”.

Sea esta la oportunidad para emprender como sociedad colombiana movilizaciones sociales críticas y creativas que generen el replanteamiento de aquellas prácticas que ponen en peligro la vida de nuestros ecosistemas y de millones de seres humanos que habitan nuestros territorios, particularmente, entre otras acciones debemos reducir el hiperconsumo, disminuir la emisión de gases invernadero, parar la deforestación, conservar la biodiversidad, transformar la matriz energética dependiente de hidrocarburos fósiles por energías renovables, cuestionar y buscar alternativas frente a la fumigación con glifosato, evitar la exploración de yacimientos de gas mediante procesos no convencionales (fracking) que demanda altos volúmenes de agua y genera grandes impactos ambientales. Principalmente debemos trabajar por superar la pobreza y el hambre para dar paso a una sociedad más justa y equitativa.

Hoy más que nunca debemos pensar en la sabiduría indígena: “Cuando el último árbol sea cortado, el último pez sea pescado, el último río sea envenenado, solamente entonces vamos a entender que no se puede comer dinero”.

@LeoMartinezUPN

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional.

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