Por: Uriel Ortiz Soto

Diálogo entre don honesto y don corrupto

Una hermosa tarde de verano, un venerable anciano pensionado con sólo dos salarios mínimos, encontrándose sentado en uno de los escaños del parque de su pueblo que lo vio nacer y crecer, miraba sorprendido cómo uno de sus contemporáneos, compañero de infancia y paisano, que había ocupado las mismas posiciones burocráticas, en la misma entidad, disfrutaba de una inmensa fortuna.

Dueño de varias propiedades; era el mayor accionista de una de las cooperativas de desarrollo comunitario; presidente del club social; con varios vehículos de servicio público y abultadas cuentas bancarias; además, de ser el mayor agiotista de los campesinos y chupasangre de la población necesitada.

El venerable anciano de los dos salarios mínimos que, para esta historia lo llamaremos, don honesto, y a su contemporáneo don corrupto; siempre eludía encontrase con su antiguo compañero, ya que la inmensa fortuna que este  sujeto amasaba, lo mantenía intrigado y no lo dejaba dormir tranquilo, puesto que, en muchas ocasiones fueron conciliábulos en reuniones de burócratas y no se le veía ninguna actitud positiva para haber logrado de un momento a otro semejantes despropósitos.

Don honesto ya sabía por sus propios medios y de fuentes fidedignas, que don corrupto, se había hecho rico dilapidando y robando los bienes del Estado, que, un día le fueron entregados en custodia, gracias al padrino político que lo patrocinaba, al cual le cancelaba mensualmente una grueso peaje por sostenerlo en el cargo, además, le aportaba buena cantidad de votos el día de las elecciones, los cuales compraba y pagaba en forma bondadosa.

Un buen día don Honesto al salir de misa mayor, sintió que lo cogían del brazo y lo saludaban afectuosa y cariñosamente, con el ademan muy propio de quienes no han perdido la vergüenza y el pudor de no ser hombres de bien y servidores leales  de la comunidad, pero, que siempre buscan que sus conciudadanos les rindan pleitesía, en reconocimiento al botín de marras mal habidos en los hornos crematorios de la conciencia lasa y corrupta. Pues claro, no era más que don Corrupto, el que se le arrimaba después de más de veinte años de no hablarse personalmente. Sentados estos dos personajes en la fuente de soda del parque principal, entablaron el siguiente diálogo:

Don Honesto: cuéntame, amigo de mi alma, de mi niñez y adolescencia, ¿cómo hiciste para amasar semejante fortuna? ¿Si tú, eras el pobre pelele de la escuela, el buscapleitos y el estudiante mediocre? ¿Si también, ocupamos los mismos cargos, con los mismos salarios y del mismo nivel? ¿Cómo hiciste para lograrlo?

Don Corrupto: No te hagas el loco, ni me vengas con cuentos chinos, que si no conseguiste nada fue de físico pendejo. La misma entidad que manejaste tú, durante veinte años, yo solo necesité de cinco, para conseguir todo lo que tengo, lo que pasa es, que, con esa cara de hueva que tú tienes, no se llega a ninguna parte.

Don Honesto: No me faltes al respecto don corrupto, ni me vengas a increpar por lo que hice o no hice en la administración del Estado. Mi vida de servidor público, siempre ha sido un libro abierto. Nadie tiene porqué tildarme de pillo, chanchullero o ladrón. Mi hogar, aunque pobre, es un santuario a la grandeza, a los principios y valores heredados de mis antepasados, y han sido inculcados a mis hijos y lo será a todo mi descendencia.

Don Corrupto: Te apuesto don honesto que, ahí, donde te encuentras, tienes más necesidades que obrero de salario mínimo y tus hijos se estarán educando, pero, con muchas dificultades.

Don Honesto: Es cierto señor corrupto, pero, más vale tener la conciencia tranquila, que señalamientos de toda la sociedad. De ti señor corrupto, se rumora mucho; aunque no lo creas, quienes te adulan por delante, lo hacen con el ánimo de lucrarse de tu fortuna maldita, pero, despotrican de ti por detrás.

Muchos dicen que cuando caminas, arrastras las cadenas de tu conciencia, con las cuales te atarán del pescuezo por toda la eternidad en los infinitos infiernos. Don corrupto: De todas maneras don honesto, tus palabras me conmueven, no sé, si por tus estupideces o porque te tengo lástima, pero, quisiera ayudarte con una mesada mensual, para que el resto de tu existencia sea más agradable; te vincules a la exquisita sociedad y puedas disfrutar de los mismos beneficios que yo tengo.

Don Honesto: Vuelvo y te repito, que no acepto estiércol del demonio, porque me indigesta, no quiero manchar mis manos con dineros mal habidos. Aunque tú, no lo creas, tengo un reconocimiento social, del cual me enorgullezco todos los días de mi vida. Esta será la herencia más preciada que dejaré a mis hijos.

Días después don corrupto, empezó a enfermarse de un cáncer de próstata, que le llevó a recluirse en una clínica por varios meses. Durante este lapso de tiempo, constantemente llamaba a don honesto para que fuese él, quién le aconsejara qué hacer con su fortuna mal habida. La respuesta de don honesto, no pudo ser otra, que ordenarle reintegrar los dineros al Estado, para que así, pudiese morir tranquilo.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho, don corrupto murió destruido por el Cáncer, ante la indiferencia de la sociedad, que lo explotó inmisericordemente y no pudo asimilar el origen de su inmensa fortuna mal habida

Don honesto murió, pero, sigue viviendo para la posteridad y gloria social de sus semejantes y orgullo de su familia, como hombre de bien y servidor público de intachable conducta.

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