Por: Nicolás Uribe Rueda

Diálogo o derrota militar

Luego de la declaración presidencial en la cual se anuncia oficialmente que Santos buscará la reelección, ya son 10 los candidatos que aspiraran al solio de Bolívar.

Sin embargo, son dos o tres los que efectivamente se disputarán el derecho a hacerlo, pues son los únicos que tienen la capacidad real de meterse en la segunda vuelta, cuya existencia es por ahora ineludible y el único hecho cierto de la próxima campaña electoral.

El presidente candidato tiene la ventaja. Y como están las cosas, su participación en la segunda vuelta está prácticamente asegurada. A pesar de las dificultades por las que atraviesa actualmente en las encuestas, Santos tiene un importante caudal electoral, proveniente no sólo de ser el presidente en ejercicio, sino también del apoyo de los partidos Liberal, de la U y Cambio Radical, quienes llevarán las banderas de las realizaciones del Gobierno. La Unidad Nacional, en todos los niveles territoriales, pondrá la maquinaria a disposición del presidente.

Uribe y su Centro Democrático (UCD), con Óscar Iván Zuluaga como candidato, es por lo pronto el otro invitado a la segunda vuelta. Aunque aún se encuentra lejos del presidente en las encuestas, tiene posibilidades reales de crecer por cuenta de la amplia brecha de desconocimiento que tiene el candidato y su opción de acortarla y capitalizarla a su favor a medida que avanza la campaña. El UCD es de lejos la fuerza política más fuerte en oposición al presidente y se convierte en la alternativa más visible al proceso de paz, que se convertirá en el más importante tema de campaña. La fuerza con la que el UCD irrumpa en las elecciones parlamentarias, dos meses antes de las presidenciales, será sin duda fundamental para medir la contundencia del electorado al que no le gusta el proceso de paz con la guerrilla.

El Partido Conservador no se atreverá a desafiar al presidente Santos y seguramente volverá a dejar a su candidata colgada de la brocha y repetirá la decisión de antaño de acompañar una aspiración por fuera de la colectividad. Terminará apoyando a Santos o a Zuluaga después de analizar los resultados de las elecciones de marzo y la favorabilidad de cada uno en las encuestas.

La izquierda, más dividida que nunca, ha diluido desde antes de que arranque la campaña sus posibilidades de jugar un papel interesante en los próximos comicios. Con cuatro candidatos en tres partidos distintos (Avella, López, Navarro y Romero, en la UP, el Polo y la Alianza Verde, respectivamente), es poco probable que logren sumar votos y posicionarse en la segunda vuelta. Solamente una debacle de Santos o Zuluaga haría posible que jugasen un papel protagónico. De lo contrario, ineludiblemente perderán en mayo y se abstendrán de hacer alianzas con alguno de los elegidos, y, como de costumbre, quedarán relegados como oposición minoritaria en el Congreso, a donde esta vez llegarán más diezmados que hace cuatro años.

Esta campaña presidencial no será de gran vuelo programático y de sesuda evaluación de lo que necesita Colombia en los años por venir. Más que una campaña, esta será una consulta popular sobre lo que la gente quiere que se haga con el proceso de La Habana: diálogo o ruptura y derrota militar. Sobre ello se edificarán las candidaturas más fuertes y sobre ello elegirán los ciudadanos.

 

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