Diálogos y construcción de futuro

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El pasado 27 de noviembre participé en una masiva reunión en la Casa de Nariño. Cerca de 120 ambientalistas de muy diversos grupos y tendencias nos reunimos para dar un primer paso en los diálogos con el presidente y sus ministros de Ambiente y Energía. Como es natural, se hicieron explícitas múltiples y diversas opiniones desde el movimiento ambiental, que convergen en puntos básicos compartidos.

Como común denominador se agradeció de manera cordial la invitación al diálogo y se reconoció que este encuentro fue motivado por la convocatoria realizada por el Comité Nacional de Paro (CNP) y la importante movilización de 21N. Exceptuando un grupo que, a las tres horas de reunión, manifestó inconformidad con el proceso y se retiró, los demás estuvimos allí por más de cinco horas.

En mi caso, manifesté mi apoyo a los puntos presentados por una alianza ambiental que ha participado y respaldado al CNP y que de manera proactiva repartió una hoja con nueve puntos claves. Luego hice énfasis en tres alternativas concretas con las cuales el presidente Duque podría manifestar voluntad política y dar respuesta parcial a algunas de las propuestas.

Respecto a la deforestación mencioné que parte de la estrategia para evitarla debe apoyar el uso sostenible de los componentes del bosque para valorizarlo y así generar conservación con beneficio local. A mi entender, el Gobierno debe dar una clara señal diciendor que no se realizarán titulaciones individuales en zonas de reserva forestal y que la titulación se hará solo a comunidades locales, condicionando la propiedad a actividades económicas relacionadas con la reconversión productiva y el uso, conservación o restauración de la cobertura boscosa. El Gobierno debe prestar, a través de sus institutos de investigación y de ONG especializadas, la asistencia técnica y financiera requerida y condicionar la propiedad al cumplimiento de su función ecológica, derivada de la Constitución colombiana.

Otro aspecto esencial es fortalecer la participación de la sociedad civil en las CAR, donde, por ejemplo, la elección del representante de las ONG al consejo directivo de la CAR Cundinamarca es una grotesca muestra de corrupción. De manera amañada y con complicidad institucional, los mismos personajes se han reelegido casi por 20 años, sin contar con ningún reconocimiento por parte de las ONG ambientales.

Respecto al proceso de paz y su implementación, señalé cómo la propuesta de zonificación ambiental participativa, desarrollada por Cespaz para el Ministerio de Ambiente, es una herramienta importante para que comunidades y Gobierno puedan planificar la gestión de territorios sostenibles en las zonas PDET.

Para mí, este primer paso de reconocimiento mutuo permitió plantear propuestas ambientales de aceptación general, cuya implementación en algunos temas requerirá múltiples sentadas, donde deben participar prioritariamente las comunidades locales. La riqueza y complejidad de la movilización 21N es que hay multiplicidad de razones y prioridades en los marchantes. Debemos evitar que esta virtud nos divida. Ahora, negociar sin dividirnos es un reto.

En lo que a mí respecta, haré mis contribuciones desde mi espacio, la academia y esta columna de opinión. Respaldo el liderazgo y activismo de los jóvenes y los apoyaré dado que coincidimos en lo fundamental. Hay que fijar posiciones políticas. Mi posición es ignorar a Uribe y Petro, referirse a ellos es engrandecer sus propuestas e intenciones.

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