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hace 4 horas
Por: Juan Carlos Botero

Dick Cavett, y otro hecho casual

Hace un tiempo el célebre entrevistador de la televisión Dick Cavett recordó un suceso que me llamó la atención.

El hombre estaba solo un domingo de verano, hospedado en una casa frente a la playa al nordeste de los Estados Unidos, cuando se encontró aburrido y con deseos de leer la prensa. Salió en su automóvil al pueblo más cercano y se detuvo en la única tienda que vendía la voluminosa edición dominical del New York Times. Quedaba un solo ejemplar disponible. Cavett lo fue a coger pero otro señor se adelantó y tomó el periódico; sin embargo, al cabo de un minuto aquel señor lo regresó al mostrador, prefiriendo otro diario. Cavett lo cogió. Pagó en la caja y caminó hacia su auto, feliz con el bulto de la prensa bajo el brazo. Abrió la puerta y arrojó el grueso paquete sobre la silla del pasajero. Con el impulso se deslizó el diario, las diversas secciones resbalaron al suelo, todas salvo una: la cultural. Mientras ponía el motor en marcha, el hombre dirigió una mirada distraída y alcanzó a distinguir el titular de una sola noticia sin importancia: pronto sería el estreno de una obra en Broadway, un musical basado en un libro menor pero de ventas notables. El hombre manejó de regreso a la casa, pensando que, en contados minutos, tendría el placer de leer el diario a sus anchas, y también reflexionó en esa noticia (la única) que había alcanzado a detectar de un vistazo, pues en su opinión aquel libro que había servido para montar el show era poca cosa y no tenía la calidad para que se produjera toda una obra de Broadway. Negando con la cabeza, diciéndose que hoy en día hacen un musical inspirado en cualquier texto vulgar, llegó a la residencia. En ese momento advirtió que una bruma procedente del mar había invadido el paisaje, creando un ambiente bello y misterioso. Esto hay que aprovecharlo, se dijo. Antes de sentarme a leer el periódico, daré una caminata por la playa. Salió, en efecto, y anduvo un rato por la orilla, oyendo el batido de las olas y asombrado por la espesura de la niebla, la cual impedía ver más allá de un par de metros. De pronto, creyó adivinar una sombra. Una figura se aproximaba hacia él. Aguzó la vista, y en medio de la bruma distinguió a un señor, un vecino de alguna casa cercana que había tenido la misma idea y se encontraba caminando por la playa en la niebla. En seguida Cavett supo además que lo conocía, aunque no pudo recordar su nombre. Los dos señores se saludaron, intercambiaron unas cuantas palabras cordiales sobre el tiempo, y luego Cavett se sintió un tanto incómodo, obligado a decir algo para llenar el momentáneo silencio que se acababa de producir entre ellos, quizá porque no tenían otro tema en común. Entonces se le ocurrió hablar sobre la única noticia que había leído en el periódico. ¿Ha visto lo que hacen hoy día en Broadway?, preguntó. Con tal de hacer dinero, estrenan un musical basado en un libro absolutamente mediocre. El señor lo miró sin entender. ¿Me habla en serio?, preguntó. Sí, sí, respondió Cavett. Acabo de ver la noticia en la prensa; parece que es una producción inmensa, con baile y música y lentejuelas, inspirada en ese librito tan pobre. El señor lo observó por un segundo, y sin decir nada más se retiró ofendido. Era el autor del libro.

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