Por: Juan Carlos Ortiz

A Diego lo que es de Diego

Uno de los empresarios más importantes a principios del siglo pasado en los Estados Unidos fue James Deering, quien junto con su hermano manejaron la compañía agrícola Harvester Inc. Una era brillante donde después de la guerra de secesión los industriales se convertirían en los verdaderos superhéroes del país ligados a su desarrollo,  a su progreso, creación de empleo, visión educativa, económica y cultural. Una etapa donde aparecieron los hombres que construyeron al coloso del norte y donde cada uno brilló en el marco de su terreno específico. Rockefeller con petróleo, Carnegie con acero, Vanderbilt con trenes, JPMorgan con el sistema financiero y bancario, Ford con autos, Edison con electricidad y Deering con maquinaria agrícola.

Hacia 1914, James Deering se trasladó de Chicago a Miami y decidió crear uno de sus principales legados: la Villa Vizcaya, un palacete reconocido hoy como una de las construcciones más representativas de Norteamérica, una ecléctica y sofisticada mezcla entre el renacimiento italiano y el sabor tropical de la Florida. Visitar esta casa es una experiencia única y caminar por sus jardines es una verdadera sorpresa. 

Deering juntó a un trío de talentos para encargarse del proyecto y así darle vida en 1918. Al frente del diseño artístico y de interiores trabajó con el excéntrico Paul Chalfin, en la construcción y arquitectura contrató a F.Burrall Hoffman y para el diseño de los jardines y las fuentes trajo a Diego Suárez, uno de los más reconocidos expertos en el tema.

Diego estudió en Milán y vivió luego en Nueva York hasta trasladarse a Miami para encargarse de esta obra maravillosa.

Caminar por sus jardines contagia una sensación de creatividad, sabiduría, calidad y conocimiento. Pero lo más sorprendente del diseño de los jardines de Vizcaya no es que hubieran sido desarrollados por Diego Suarez, sino que él era colombiano, nacido en Bogotá. Uno de esos pioneros más conocidos afuera que adentro. Este año Vizcaya cumple un centenario de vida y vale la pena un reconocimiento y homenaje a ese gran talento nacional, desconocido por muchos, reconocido por pocos y elogiado en el anonimato.

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