Por: Daniel Mera Villamizar

Dificultad de “doblar la página” sobre acuerdo con las Farc

Consideraciones morales y políticas de “dejar las cosas así” y de un “acuerdo político”. 

La derrota de las objeciones en la Cámara ha acentuado los llamados a no insistir más en corregir el acuerdo con las Farc. Entre los argumentos que dan hay morales (“el acuerdo es bueno por sí mismo”), éticos (“no hacer conejo”) y políticos (“es incierto cómo corregir, divisivo y menoscaba prioridades del país”).

Merecen una respuesta. i) Se quiere corregir lo inmoral del acuerdo mediante más justicia, no todo el acuerdo; ii) es una falla ética no reconocer que se le hizo conejo al plebiscito con la justificación de “la paz”, lo que creó ilegitimidad, y iii) ciertamente la imposición o implantación constitucional de la aparente victoria histórico-política de las Farc hace muy difícil corregir o modificar.

Quienes llaman a “doblar la página” dan por verdades tres falacias que no se pueden admitir sin más: i) que hubo un “nuevo” acuerdo tras el plebiscito, ii) que el Congreso podía sustituir la voluntad popular expresada en las urnas y refrendar el acuerdo (hacerlo fue un quiebre constitucional), y iii) que la refrendación del Congreso podía activar el fast track legislativo (lo que profundizó el quiebre constitucional).

Sería fácil “doblar la página” si esas tres cosas fueran como dicen. Y justamente las dicen porque sin ellas sería insostenible el llamado. De modo que se necesita dirimir empírica y materialmente tales discrepancias para poder hablar realmente de “doblar la página”. Mientras tanto será o una invitación de buena fe o desesperada (de quienes en su esencia comparten las objeciones) o un ardid cínico de quienes son conscientes de que hicieron trampa y se están saliendo con la suya.

Dado que dirimir empírica y materialmente las tres cuestiones no asegura la solución de “dejemos así” para la polarización, mejor parece la fórmula de un amplio acuerdo para salir del “empate político negativo” (Rodrigo Uprimny y Juan Fernando Londoño). “Que las partes cooperen y logremos un amplio acuerdo político, que incluya a las Farc, sobre qué ajustes pueden hacerse a la paz, a cambio de un compromiso efectivo por una implementación rápida e integral de lo pactado”, en palabras de Uprimny.

En palabras de Jorge Humberto Botero: “En circunstancias de extrema polaridad las sociedades a veces encuentran líderes idóneos para resolver sus conflictos internos”, y evoca la Carta de 1978 pos-Franco en España y el Frente Nacional colombiano entre Laureano Gómez y Alberto Lleras en 1957, para terminar con un casi poético “oigan quienes deban oír”, que en la Colombia de hoy son más de dos líderes.

Estas dos soluciones son claramente diferentes. Una es improbable; la otra, probable. Pero un acuerdo político requiere aceptar que la Corte Constitucional no es imparcial, no ofrece garantías y hay que legislar sobre ella. Será el momento en el que establezcamos que el poder constituyente derivado (Congreso) puede ajustar las reglas de juego de la Corte y reformar la doble Constitución sin que la Corte lo impida. Sin aceptar que una de las dos visiones tiene de su lado la extralimitación de la Corte Constitucional no se estará hablando seriamente de un acuerdo político.

También requiere una reunión a puerta cerrada entre el Centro Democrático y el presidente Duque para discutir descarnadamente cómo estar a la altura histórica y estratégica de una situación en la que se juega la orientación de Colombia y solo está deparando derrotas después de dos victorias épicas. Algo no se está haciendo bien. 

@DanielMeraV

 

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