Por: Jorge Iván Cuervo R.

Dilemas de primera vuelta

Se suponía que iba a ser fácil, que en primera vuelta uno votaría por el candidato que mejor lo representara, el de las mejores propuestas y el de mayor credibilidad para cumplir con lo prometido una vez fuera elegido, y entonces con cinco opciones a lo largo de todo el espectro político había de dónde escoger. Pero en política no todo es lo que parece y ahí empiezan las complicaciones.

En esta coyuntura he privilegiado considerar a los candidatos que se comprometan a defender el Acuerdo con las Farc, a apoyar su implementación y a desarrollar una agenda posconflicto, pensando en fortalecer el Estado en lo local y en desarrollar políticas de inclusión y lucha contra la pobreza. De entrada, eso me inhibe pensar siquiera en las opciones de Duque y Vargas, el uno porque ha dado señales de que no apoyaría elementos esenciales del Acuerdo y porque ha transformado su inicial agenda modernizadora en una propuesta conservadora alineada con los sectores más reaccionarios del país, una vez recibió el apoyo de varios movimientos cristianos. Qué duda cabe de que la de Duque es la opción política de la derecha dura, nostálgica del uribismo en el poder, algo que nunca apoyaré y que no le sirve a este país tan rezagado en reformas sociales y políticas.

A Vargas le ha costado encontrar su identidad política en estas elecciones. No encontró nicho al moverse a la derecha para presentarse como el candidato de mano dura, una identidad que había construido en su momento y que se diluyó, pues ese espacio ya está copado por el uribismo; desmarcarse del gobierno de Santos no le salió bien, y sus cuestionadas alianzas políticas locales no lo dejan ver como un factor de renovación. Oscila sin rumbo en busca de un centro político que le es ajeno por trayectoria y posturas ideológicas.

Así que quedan De la Calle, Fajardo y Petro para escoger. La candidatura de De la Calle nunca debió darse en esta coyuntura, su capital político y moral se agotó en su rol de jefe negociador. Si la idea era defender el Acuerdo debió llegar a acompañar otra candidatura y a no dejarse tentar por las vanidades del poder. Esa idea de que solamente él puede salvar el Acuerdo no cayó bien en muchos sectores de opinión que finalmente lo vieron como un rapto de oportunismo. Una consulta a destiempo y un partido que no lo apoyó terminaron de derrumbar su candidatura. Si bien tiene propuestas con las que me siento identificado, su proyecto no es viable, y es un dato que es necesario tener en cuenta a la hora de votar. No basta la buena conciencia.

Fajardo cada vez es más Mockus 2.0, incluso recientemente han apelado al sentimiento de la fallida Ola Verde de 2010. Fajardo no me inspira nada, su programa me parece insustancial, sus apoyos políticos, medio artificiosos. No me representa y me cuesta votar por alguien con quien no tenga alguna identidad política.

Queda Petro, que es más de lo que representa que lo que en realidad es y ha sido políticamente. Ha cumplido con lealtad su compromiso de dejar las armas para hacer política, un excelente senador y un alcalde con grandes problemas de ejecución de sus ideas en políticas públicas, que opta fácil por la confrontación cuando no encuentra consensos para sus propuestas y promete más de lo que puede hacer. Sus gestos mesiánicos a veces no me dejan tranquilo. Hubiera deseado que la posibilidad de un primer gobierno de izquierda en Colombia se hubiera dado con Carlos Gaviria o ahora con Antonio Navarro, pero la realidad política indica que Petro es el candidato que tiene mayores posibilidades de llegar con éxito a segunda vuelta y, una vez allí, convencer a otros sectores de unirse en torno a unos mínimos programáticos para derrotar a la derecha.

Luego de cerrado el conflicto armado, Colombia necesita un giro a la izquierda, apoyo eso y creo que el país tiene institucionalidad suficiente para enfrentar ese desafío. Mi voto en primera y segunda vuelta será por Gustavo Petro.

@cuervoji

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