Diletancias

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Sí, esa palabra no existe, quiero decir en el DRAE, diario oficial de la Academia Española de la Lengua, ni partida de nacimiento que la dé por hija legitima, aunque por natural tiene que aceptarla, además de oírla, allende mares, a contra gusto de sus oídos para no exponerlos a la profanación de lo natural popular. De aquello que va contra el buen hablar y el bien decir, contra sus reglas y normas.

Sí, de aquello parido por la calle, por los mototaxi, carretilleros, revoleadores, mecánicos espontáneos, aguijoneados por el desempleo y la canícula insolidaria de este mundo ancho y ajeno que es Colombia; de aquello entrado por los puertos, pasos fronterizos y caminos preñados de migrantes, de viajeros de lenguas mil por conocer.

Por jóvenes de las barriadas urbanas con tonos y sonidos pulsados de golpes de taser, la exclusión y la poesía; por juglares que van cantando y contando por los pueblos; por campesinos y aparceros, por los jornaleros de la ganadería, en su cotidianidad ancestral de la labranza, el pan coger y los bramidos de la sobrevivencia...

Por los comunes y corrientes, mi llave, mi vale, que no existen más allá del día padecido, de la noche sin alba…De un sol que nunca han visto alumbrar, aunque los atosigue y achicharre hasta el alma la canícula en sus tenderetes de artificios de los semáforos, limpiando vidrios, “vendiendo” chicles, vomitando llamas por sus bocas, brincando la cuerda cada vez más floja de sus miserias, distrayéndolas con malabares y pases mágicos de desahogo para que caiga una moneda, la de más baja denominación y valor, en el cáliz de hojalata de una salvación de ficción…

De esos, los mismos aquellos, no da definición, ni partida de lengua y habla el DRAE, ni la Oficina de Estadísticas, ni las Agencias Públicas de Asistencia Social Humanitaria, aparecen sí en los registros de la Policía, en sus cámaras y minutas de entradas y salidas a sus calabozos por contravenir el “orden”, perturbar la seguridad ciudadana, el ingreso de la gente in, jai, a los centros comerciales, a las butiq y almacenes fasion…por deslucir en el paisaje…

Así las cosas, el diccionario, el paisaje urbano y las cosas humanas que lo afean, los diletantes que, según el RAE, ¡otra vez!, no deben incurrir en diletancia, ni diletar, retomo el hilo de Damiana, que no de Ariadna, para embocarme por la causa eficiente, el origen de todo este diletante discurrir: un japonés con nombre anglosajón y apellido como de motocicleta, de camioneta pick up, Francis Fukuyama, cuyo aporte al pensamiento de todos los tiempos, incluidos Heráclito, Aristóteles y Gurropin, es mejor no meneallo

Sin embargo, y para concluir tan diletante diletancia, cuanto iba a inquirir de tan conspicuo exponente del pensamiento humano, los animales, las cosas y uno que otro gusano, también incurren en las travesuras del pensar, ¿adónde, en qué escenario diferente de la Historia, tienen ocurrencia el "fin de la Historia y el “triunfo definitivo de la democracia liberal”? ¿En cuál de los cielos o los infiernos de Dante? ¿En cuál rincón de la caverna de Platón?

PS: Se conmemoran en septiembre 20 años de la Masacre de Chinulito, Sucre, Montes de María, por los “paras”: Ni Verdad. Ni Justicia. Ni Reparación. ¿Qué sabe la Comisión de la Verdad?

@CristoGarciaTap

* Poeta.

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