Por: Cartas de los lectores

Dimitir con grandeza

“La independencia del poder judicial ha sido una de las mayores garantías de justicia que el hombre moderno ha logrado” (Antonio Gramsci, 29/9/1917). Cien años después de esta sentencia, Colombia sucumbe ante la corrupción de la rama judicial que permea todas las entretelas del poder, donde el prevaricato es práctica común y casi política de estado. Se negocian las delaciones, se empapela al que no paga, se engavetan expedientes de quienes consignan el soborno, se priorizan unos procesos para esconder otros, se compran y/o silencian testigos, se contratan parientes y amigos de quienes serán jueces naturales y así en un interminable menú de bazofia con corbata. Gracias a que la justicia de Estados Unidos intervino en los Panama Papers y en el caso Odebrecht, nos hemos enterado del nivel de la corrupción al que el país ha llegado. Solo es la punta del iceberg, pero aun así la fiesta sigue, se negocian cabezas pues sobreseído Zuluaga por el CNE (porque Fiscalía y Procuraduría no aportaron las pruebas), Santos puede dormir tranquilo. Al exfiscal anticorrupción Moreno por andar de bocón le están agilizando la extradición para silenciarlo. El fiscal Martínez, en una estrategia de distracción, le pone trabas a la JEP y se proclama apartidista a grito herido en el Congreso para acallar las preguntas que no quiere responder: ¿a él tan mañoso y perspicaz, cómo se le coló el exfiscal Moreno?, ¿qué sucedió con el caso Navelena, en qué va la investigación?, ¿los videos de campaña con Cambio Radical son veraces?, ¿cree que se está revolcando de impotencia el maestro Salustiano Tapias en su tumba?

En medio de este lodazal pasan desapercibidos o se minimizan hechos como el protagonizado por el magistrado Rubén Pinilla al dimitir de su cargo como juez de Justicia y Paz del Tribunal de Medellín. Con su actitud nos hacemos a la ilusión de que no todo está perdido. En un acto de gallardía y valor, renunció de manera irrevocable tras aplazar su decisión por más de tres años (mientras resolvía la sentencia del bloque paramilitar Pacífico). Son este tipo de magistrados quienes nos están demostrando que todavía existen en Colombia mentes lúcidas y personas honestas en cargos de tan alta responsabilidad, honra la rama judicial en estos días en que añoramos la voz y el ejemplo de hombres como Carlos Gaviria el constitucionalista y Nicanor Restrepo el empresario, por solo nombrar a dos singulares portadores de buen juicio e intachable accionar en bien del país. El doctor Pinilla redactó su renuncia desde 2014, cuando la Corte anuló su sentencia, en la que, con sobrados argumentos, contemplaba la exclusión del bloque Cacique Nutibara de los beneficios de Justicia y Paz, a la vez que pedía investigar a Álvaro Uribe por evidencias que lo vinculaban con grupos paramilitares.

Y dice Pinilla (El Espectador 9/10/17): “Cuando ya no era posible avanzar en el camino de la verdad, justicia y reparación, preferí renunciar”. De igual manera el magistrado César Julio Valencia expresa en la entrevista a El Espectador del 15/10/17, que aunque la rama judicial está permeada por la deshonestidad y la corrupción hasta el tuétano en Colombia, no dejan de existir personas que no se doblegan ni ante ofertas de dinero, ni ante amenazas contra su estabilidad laboral o contra su vida.

Mientras tanto Uribe, quien tiene a su haber 186 procesos acumulados, archivados y empolvados en la Comisión de Acusación, se pavonea predicando contra la corrupción y defendiendo a sus colaboradores, hoy ad portas o tras las rejas. A él sí que se le aplica esta perentoria frase: “Debo decir que una justicia que no es pronta puede ser la mayor de las injusticias” (Luis Alfredo Ramos, el día de su lanzamiento como enésimo candidato del Centro Democrático).

Gloria Upegui. 

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