Por: Iván Mejía Álvarez

Dinámica perdedora

Atención al dato histórico: Desde el 13 de junio en Getafe, cuando se le ganó al “rejuntado” de Camerún, la selección de Colombia no gana un partido. En sus últimas cinco salidas ha perdido dos partidos y ha igualado tres. Las derrotas fueron contra Paraguay y la del viernes contra Corea.

El registro parecería inocuo si no fuera porque es la peor serie adversa del equipo bajo el mandato de José Pékerman. Durante muchos meses la selección jugó malos partidos, pero terminaba ganando, y como el árbol tapaba el bosque eran pocos los que hablaban del juego, del nivel, de las alineaciones, de los planteos tácticos, del trabajo previo.

Ahora, cuando el maquillaje del resultado no tapa las gruesas deficiencias de los módulos y de sus intérpretes, cuando ya no se gana y se tiene que hablar necesariamente de la falta de trabajo y la ausencia de patrones colectivos, es cuando muchos comienzan a reconocer que las cosas no van como podría esperarse.

Colombia inventó, experimentó, improvisó en su alineación inicialista ante Corea. Fueron demasiados cambios, muchos experimentos fallidos como el de Tesillo —que no es lateral izquierdo—; la presencia de Gio Moreno y James robándose el protagonismo, pues Moreno no es volante de armado y a James le va mucho mejor en el centro, detrás del nueve; la ausencia de un volante “duro” de marca para poner dos tibios ochos, Matheus y Aguilar, y la posibilidad para que Avilés Hurtado mostrase su fútbol por la derecha.

Al fracturarse la estructura táctica se le vieron las costuras al equipo de Pékerman. Una sola llegada y muchas lagunas en defensa. Un medio campo que no quitó, no apoyó y unos atacantes que jamás se juntaron. El balance fue lamentable. Hacía mucho rato no se le veían 45 minutos tan malos a una selección.

Corrigieron un poco en el segundo, desde el banco con los cambios, en la cancha con la actitud, pero quedaron muchas lecciones negativas. Juzgar a los jugadores sería injusto, pues la estructura no colaboraba con los nuevos, pero hacerse el de la vista gorda y no mirar al banco técnico con Pékerman a la cabeza sería una necedad.

Se jugó mal, el equipo como tal sigue sin aparecer hace mucho rato, pero lo peor es que la dinámica perdedora, la ausencia de victorias, no puede soslayarse y es necesario ganar rápidamente para quitarse esa imagen de equipo sin resultado. Y para ganar, hay que volver a jugar.

 

 

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