Dinero, poder y ambiente

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Los que reconocemos la complejidad de la realidad sabemos que la búsqueda del dinero y el poder forman parte fundamental de lo humano, pero a diferencia de muchos ideólogos, consideramos que los seres humanos buscamos también otras cosas, entre ellas la bondad, el conocimiento, lo sagrado y la belleza. Desafortunadamente para nuestro país aquí es más fuerte la influencia de los pensadores que todavía consideran que la mano invisible de Adam Smith y la revolución de Karl Marx conducen al bienestar.

Colombia hoy es un ejemplo de cómo el dinero y el poder se convierten en las principales características del ambiente, opacando todo el resto, incluso el planeta con sus plantas, sus animales y sus paisajes. En las mentes de los colombianos la corrupción y la violencia describen el ambiente en que viven, todo lo demás se olvida cuando reflexionan acerca de lo que los rodea. Ya somos pocos los que consideramos que los bellísimos paisajes, la megabiodiversidad, las altiplanicies, los páramos, las ciénagas, los ríos, los llanos o las selvas nos caracterizan, y muchos, tal vez la mayoría, se empeñan en tener suficiente dinero y poder para convertirnos en algo semejante a Florida o a Corea del Norte, de ahí la multiplicación de la corrupción, la continuidad de la violencia y la debilidad de la paz.

Los que reconocemos la complejidad de la realidad sabemos que la búsqueda del dinero y el poder forman parte fundamental de lo humano, pero a diferencia de muchos ideólogos, consideramos que los seres humanos buscamos también otras cosas, entre ellas la bondad, el conocimiento, lo sagrado y la belleza. Desafortunadamente para nuestro país aquí es más fuerte la influencia de los pensadores que todavía consideran que la mano invisible de Adam Smith y la revolución de Karl Marx conducen al bienestar.

La situación actual de nuestro país es ejemplo de cómo el olvido de esa variedad de objetivos de los humanos puede conducir a la desgracia de las naciones. La obsesión de nuestros dirigentes de izquierda y de derecha en la maximización de los ingresos monetarios o de la autoridad personal nos ha mantenido en guerra desde la década de 1950. Ambas obsesiones han llevado a tratar de hacer trizas la paz, a que las Farc se hayan dividido, a que las bacrim controlen el territorio y a que subsista el Eln. Paradójicamente el reino de ambas obsesiones en Estados Unidos y en Europa ha llevado a que unos pocos millones de consumidores de cocaína sigan financiando nuestras desgracias.

Los ambientalistas complejos pensamos que la solución no es unirnos al consumismo, menos a la dictadura, sino reconocer la complejidad de la realidad y valorizar nuestra humanidad: respetar a la otredad, no solo a las otras especies y al resto del planeta, sino respetar y reivindicar lo diferente, lo bueno, lo bello, lo cognitivo, lo creativo, lo sagrado; en pocas palabras, lograr el buen vivir.

* Miembro de Paz Querida y Futurible.

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