Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Dios los malcría

ES PROBABLE QUE A ALGUNOS LES cause hilaridad que el procurador Ordóñez se haya autoincriminado de ser el director de la "mano negra de la ultraderecha" y que también haya insinuado que el columnista Daniel Samper Pizano consume "verde" la marihuana. En lo personal, siento escalofrío por esas imposturas, porque detrás de tan descompuesta salida, más que un chiste lo que hay es una confesión de intolerancia en quien está obligado a dar muestras de prudencia y serenidad.

Lo primero que sorprende es que mientras Samper Pizano estaba hablando en su columna de un intolerante santandereano, reconocido vocero de los excesos ultraderechistas, Ordóñez se hubiese dado por aludido. Como godo recalcitrante y santandereano, el procurador sabrá por qué razón especial, cuando alguien habla del jefe de la mano negra santandereana, él solito se “chanta el guante”. Extraño sí, que no hubiere pensado en su otrora amigo y contertulio Hugo Mantilla, a quien probablemente estaba refiriéndose Samper Pizano en su columna. Y es raro que Ordóñez no hubiere adivinado a quién aludía el columnista de El Tiempo que tanto odia y persigue, cuando en su artículo hizo referencia al inspirador de la mano negra santandereana, si judicialmente está probado que con Hugo Mantilla formaba parte de un oscuro aquelarre que se reunía en Bucaramanga en el café La Triada, desde donde como hirsutos militantes del fanatismo religioso y conservador, dedicaban buena parte de su tiempo a interesarse, no desprevenidamente, por la investigación que por entonces la Fiscalía adelantaba por el crimen de Álvaro Gómez Hurtado.

Lo curioso de esta nueva salida en falso de Ordóñez es que coincide también con un reclamo airado que su amigo y protegido burocrático de la Procuraduría Pablo Victoria hizo a través de una encendida comunicación que circuló por internet, frente a las expresiones del presidente Santos sobre la “mano negra de la ultraderecha” y su delincuencial presencia en varios atentados. Dios los malcría.

También Ordóñez, olvidando su condición de procurador y ejerciendo como enemigo de los dos Daniel Samper, padre e hijo, respondió a una columna en la que no se le mencionaba, con el sablazo de que el columnista de El Tiempo se “la había fumado verde y tenía retozos de su juventud”. Para hablar claro, lo sindicó de marihuanero, a Daniel que no fuma, ni bebe, ni nada (aunque él reclama que “nada”, sí) ni necesita de estimulantes para ejercer el magnífico humor del que disfrutamos sus amigos.

Ese es el universo torticero en el que se mueve la conciencia enfermiza de quien es defensor y representante de la sociedad. Que con mentiras insulte a un periodista que no estaba hablando de él, ya de por sí es un atropello, pero que crea que consumir marihuana desdice de alguien, lo sitúa como lo que es: un intolerante que sólo resiste a quienes le aplauden.

Pero qué curiosa coincidencia. También el Héroe de Invercolsa, Fernando Londoño Hoyos, siendo ministro acusó a los representantes de la Comisión Primera que no le jalaron a aprobar una norma en la reforma política, de habérsela “fumado verde”. Otro de los mismos, con las mismas. Por eso anda liderando reuniones semanales con viudos de poder, conspiradores y abogados, uno de ellos un taimado azuzador, para entre otras cosas hacer listas de “enemigos”, como allá se denomina al pensamiento contrario, y trazar perversas y sucias estrategias de todo orden para aniquilarlos moralmente, como cuando estaban en el poder. Dios los malcría.

Adenda 1. Al almirante Cely hay que recordarle que los tiempos de las bravuconadas y de los insultos de los funcionarios ya son cosa del pasado. Su reclamo contra Christian Salazar, alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, dizque por no protestar por los crímenes de las Farc, además de arbitrario es injustificado y mendaz.

Adenda 2. Por vacaciones, esta columna regresará el próximo 7 de agosto. Hasta entonces.

 

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

Restos de campaña

Advertidos para lo peor

¡Ah, los políticos!

La cárcel de las encuestas

El ducado