Por: Antonio Casale

Dios salve a la pelota

Es inevitable la relación entre fútbol y política, pero ah peligrosa que es. Los políticos necesitan el balompié como vehículo de promoción de sus ideales. A su vez, los dirigentes del fútbol necesitan a los políticos para, a cambio de facilitarles lo anterior, gozar de beneficios especiales que los ciudadanos de a pie no pueden lograr, como patrocinios de la empresa pública o disminución de impuestos. En todo el mundo es así.

El domingo en Cataluña se convocó a una votación no oficial para aprobar su independencia de España. En la mitad de la jornada estaba el partido que debían disputar Barcelona y Las Palmas, que salió a la cancha con una bandera de España bordada en la camiseta. El Barcelona pidió aplazamiento del juego a la liga que opera con sede en Madrid, permiso que fue negado.

En consecuencia los culé decidieron jugar a puerta cerrada para que todo el mundo supiera que se estaba “atropellando a la democracia” en la jornada de votación no aprobada por el gobierno central. Los jugadores del equipo catalán discutieron sobre si salir a la cancha o no.

Piqué, uno de los que no querían, madrugó a votar tras protestar contra el gobierno central por lo que él considera una violación a la expresión democrática. Ya en la semana lo había hecho, lo que trajo como consecuencia que su compañero de la selección Sergio Ramos, capitán del Real Madrid, equipo que tradicionalmente ha representado los intereses oficialistas, le replicara diciéndole que tras ese tipo de pronunciamientos iba a ser difícil que no lo chiflaran cada vez que jugara con la selección de España fuera de Cataluña, cosa que ha sucedido desde que el defensa decidió tomar partido en la política.

El Barcelona y Piqué hacen las veces de idiotas útiles de los intereses separatistas. Defender los ideales de manera genuina es válido dentro de una democracia, es verdad, pero al final del cuento al Barça no le conviene la separación, porque no tendría dónde competir pues la potencial liga de Cataluña necesitaría de muchos años para conseguir el dinero y las posibilidades que le ofrece la de España. Piqué podría irse a otro lado o retirarse al tiempo que el pueblo catalán sufriría las consecuencias de los bloqueos económicos por cuenta de la separación.

Que los jugadores tomen partido no está bien. La política es un mal necesario para la democracia, está metida en todas partes y por eso es lindo que el fútbol lo jueguen 22 tipos ajenos a ella. En ese sentido, Piqué siembra una peligrosa semilla de populismo que ojalá no se propague por el resto del mundo.

 

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