Dios y patria

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En los dolorosos y lamentables hechos ocurridos entre el 9 y 10 de septiembre en Bogotá, que dejaron más de una decena de muertos y centenares de heridos, existen relatos y evidencias desconocidas hasta ahora que demuestran que miembros de la Policía atacaron y asesinaron a personas que estaban en labores cotidianas. Estos ciudadanos no representaban ningún riesgo para la sociedad ni para su institución y ni siquiera eran parte de las manifestaciones.

Vamos a algunos de los escalofriantes relatos.

César Andrés Fonseca terminó a las 9:00 p.m. su ensayo musical de la banda que tiene con sus amigos. Una vez salieron del lugar donde ensayan para cada vez sonar mejor, sintió un profundo quemón en la rodilla. Cayó al suelo con su instrumento en la mano y tuvo que ser llevado de emergencia al hospital El Tintal para ser tratado en cuidados intensivos por el impacto de bala que agentes de la Policía le propinaron sin ningún motivo entendible.

Christian Hernández, de 23 años, se despidió de su padre en la casa para ir a trabajar llevando un domicilio en bicicleta. Momentos después de salir de su casa, según pudo ver su padre, dos agentes de Policía lo tomaron a la fuerza para arrestarlo. Ante la confusión del joven que solo quería repartir su pedido y cumplir con su labor, fue sentenciado a muerte fulminantemente con un disparo en la frente.

Se robaron dos vidas con un solo disparo, la de Christian y también la de su padre, que tuvo que ser testigo de este horrible asesinato por parte de la institución que está para protegerlo y servirle a nombre de Dios y la patria, como su escudo lo dice.

Luisa Fernanda Ayala iba transitando por la 53 en bicicleta con un amigo pasadas las once de la noche. Agentes de la Policía los pararon, les quitaron las bicicletas, luego los subieron a la patrulla, les dispararon con una pistola eléctrica. Inmediatamente desnudaron a Luisa Fernanda para requisarla y fue trasladada en patrulla hacia Teusaquillo sin permitir que llamara a nadie.

Nicole Alejandra Santos y su madre salieron de su hogar a verificar que el carro que habían parqueado frente al conjunto no tuviera daños por los disturbios. Una vez en la calle, sin hacer parte de ninguna protesta, recibieron un impacto de bala cada una. Según el reporte presentado, a ella la bala le entró y salió por el hombro izquierdo causándole grandes daños.

A esa misma hora fue herido el señor Fabián Peña, de 36 años, por un disparo en la cabeza, sin que su familia entendiera por qué, ya que él no estaba participando en las protestas. Simplemente caminaba en el lugar equivocado en el momento errado. Hoy se encuentra peleando entre la vida y la muerte sin que hubiera razón alguna para eso.

Daniela Muñoz salió pasadas las seis de la tarde de su casa cerca al CAI de Bosa La Libertad, a comprar pan para tener al día siguiente. Andaba con el dinero contado en la mano cuando, según relató a la línea 018000, se le acercaron más de ocho agentes de la Policía a acosarla preguntándole sus razones de estar en la calle. Ante la confusión y su interés de mostrar el dinero para explicar que iba a comprar pan, uno de los policías le dio un bolillazo en la cara hiriéndola fuertemente. Al tratar de huir de la agresión hacia una peluquería que estaba en frente, fue golpeada para neutralizarla y arrastrada incluso del pelo, hasta quedar indefensa en el piso. Hoy sigue teniendo problemas para comer.

Aterrador.

Estos y otros testimonios se encuentran en un informe de la Secretaría Distrital de Salud, en donde también existen denuncias de que al interior de varias estaciones de la Policía se estaban cometiendo actos de tortura como “desnudamientos y golpes por parte de los agentes hacia las personas detenidas. A la vez, varios de estos actos de tortura han terminado en casos de violencia sexual”.

Ese informe y los múltiples videos, como el publicado por el columnista Ariel Ávila, demuestran que los agentes salieron a disparar a quemarropa, hirieron y mataron a personas que ni siquiera se estaban manifestando. Simplemente pasaban por ahí, y la mayoría recibió disparos en el pecho o la cabeza. Estos fueron los más letales. (Ver Video brutalidad policial).

Independientemente de si hubo o no infiltración de la guerrilla del Eln en los disturbios, que arrojaron 13 civiles muertos, 31 policías en cuidados intensivos y más de 120 denuncias graves de abusos de la autoridad, es evidente que esa institución necesita una reforma inmediata.

El congresista Inti Asprilla está abanderando un proyecto de ley contra el abuso policial que hay que tener en cuenta. También es necesario darles valor a los pedidos de la alcaldesa Claudia López de una inmediata revisión del tema que incluye muchos de los elementos que impulsó, sin éxito, un documento de recomendaciones realizado por una comisión consultiva de alto nivel presentado al entonces presidente Juan Manuel Santos en enero de 2017.

De haberse tomado en cuenta esas recomendaciones para realizar una reforma de la Policía, posiblemente estos abusos hubieran tenido menores consecuencias. Y es que este no es un tema de bandos políticos, o de derecha o izquierda, es de mirar el número de civiles muertos y entender que, para empezar, la persona o personas encargadas de investigar los abusos y delitos de la Policía no pueden estar dentro de la línea de mando y, más importante aún, esta institución debería estar, cuanto antes, por fuera del Ministerio de Defensa. Ese sería un cambio muy positivo.

La Policía tiene que hacer todos los esfuerzos por recuperar la confianza de la sociedad a la que dice proteger y que el pasado 9 y 10 de septiembre atacó, para volver a los niveles de popularidad y aceptación de los que gozaba hace 10 años. Eso es necesario.

Todos los muertos importan. Y unas simples disculpas no son suficientes para honrarlos.

@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com

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