Por: Marcos Peckel

Diplomacia de desastres

Fue durante la Guerra Fría que se consolidó la asistencia en desastres naturales como nueva herramienta de la política exterior de los países, especialmente de las potencias. Aprovechando el intenso cubrimiento mediático y la sensibilidad que suscitan las tragedias naturales, los países se apresuran a divulgar su contribución específica.

Proveer ayuda efectiva y única a pueblos afectados por desastres, una exhibición de “soft power”, eleva el prestigio de los que dan, uno de los indicadores que determinan influencia y poder de una nación. La ayuda en tiempos de desastres, al establecer vínculos humanitarios entre pueblos, puede contribuir a mejorar tensas relaciones. Tal ha sido la mutua colaboración entre China y Japón en respectivos desastres o la que Israel le prestó a Turquía tras un terremoto.

En el caso de Nepal, el primer país que se hizo presente de manera masiva fue India, aliado con el que además comparte la identidad hinduista. India no podía permitir que China o Pakistán, que también están ayudando, se le anticiparan. Estados Unidos es el país que más ayuda ha otorgado históricamente a países víctimas de desastres a lo largo y ancho del planeta, parte integral de su política exterior. Tan es así que Nicolás Maduro ha denunciado como una fuerza invasora a Africom, la brigada de ayuda africana de EE.UU.

China, tras las falencias que desnudó su tímida respuesta al tsunami de 2004, ha invertido ingentes recursos en potenciar su capacidad de reacción a desastres. La oportuna ayuda a los mismos países víctimas del tsunami creó una cuasialianza militar entre las fuerzas armadas de India, Australia, Japón y Estados Unidos, aún vigente. Para países como Israel, Corea del Sur y Japón, muy efectivos en la asistencia que prestan en casos de desastres, esta se ha convertido en una de sus principales herramientas diplomáticas.

Corea se ha especializado en equipos de búsqueda y rescate; Japón, en reconstrucción de infraestructura, mientras que Israel en la instalación de hospitales de campaña, cruciales en las primeras semanas tras cualquier desastre, como lo hizo en Haití, Filipinas, Sri Lanka y ahora Nepal. Dubái estableció la “ciudad humanitaria”, en la que suministros de todo tipo previamente almacenados son enviados de manera expedita cuando y donde se requiera. Cuba, Brasil y Canadá son los países de la región que más cooperan en desastres naturales.

 

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