Por: María Elvira Bonilla

Diplomacia a los trancazos

LA FÓRMULA FUNCIONA AL NIVEL doméstico. El Gobierno la embarra sobre la base de que todo vale, una versión local del viejo principio cínico de que el fin justifica los medios.

A continuación el Presidente sale a “poner la cara”, con humildad y expresión de “yo no fui”, reconoce el error, señala a algún mando medio y las encuestas de favorabilidad, inevitable acompañamiento de todas las actuaciones del presidente Uribe, se lo apuntan de inmediato. Una fórmula exitosa para animar los tendidos criollos, pero que a nivel internacional es a otro precio.

Quedamos mal parados en nuestro compromiso con los valores rectores del ordenamiento democrático mundial. Quedamos como un país que acomoda según sus necesidades, por respetables que sean,  convenios que le han costado a la Humanidad mucha sangre e interminables negociaciones para acordar normas y códigos de comportamiento con los que se busca evitar repetir los horrores y atropellos de oscuros momentos del pasado. Convenios para garantizar la convivencia pacífica de los pueblos, para aclimatar la  tolerancia y el respeto entre las naciones, por profundas que sean las diferencias. 

Sucedió con el bombardeo al campamento de Raúl Reyes. El Gobierno logró su cometido, pero las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Se acusó a Colombia, con razón, de la violación del territorio ecuatoriano, y con suerte se salvó de la sanción de la OEA. El presidente logró paliar la crisis pidiendo disculpas con la ayuda invaluable del hallazgo de los computadores del jefe guerrillero. Se repite la historia con la equivocada utilización del emblema de la Cruz Roja Internacional en la operación Jaque,  que su representante suizo calificó como  “abusiva” por parte de Colombia. No es un buen precedente, así el Presidente le haya salido nuevamente al quite a la posible sanción penal. La explicación que dio esta vez resultó banal.  ¿Qué hacían emblemas de la Cruz Roja Internacional en los helicópteros, si no era para eventualmente ser utilizados? Es impensable que un oficial del Ejército colombiano preparado para una operación de tan alto riesgo, se atreviera, dizque por miedo, a algo tan grave como violar los Convenios y Protocolos de Ginebra. Explicaciones marrulleras, efectivas en lo inmediato pero que minan la palabra presidencial. 

Tarde o temprano Colombia tendrá que aprender que el fin no justifica los medios y menos en acciones de guerra, así el saldo final sea positivo. El respeto a las reglas de juego, en el mundo civilizado cuenta tanto como los resultados mismos.

Desafortunadamente, la lista de embarradas y salidas al quite es larga.  El inexperto canciller Fernando Araújo sirvió de fusible, pues el problema está aguas arriba, con un gobernante que no valora el significado y la naturaleza de las relaciones y el escenario internacional, para quien los consejos comunitarios y la aceptación popular, opacan todo lo demás. Jaime Bermúdez, con su cercanía personal al presidente y su realismo a la hora de enfrentar las realidades políticas,  debe enterrar esa improvisada diplomacia a los trancazos, que tanto ha debilitado la fibra democrática de Colombia y eso en el mundo pesa y mucho.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia