Por: Hernán Peláez Restrepo

A disfrutar

De eso realmente se trata. A disfrutar mientras agencias de viajes y aerolíneas elaboran planes y seducen a quienes ya piensan en Rusia como destino turístico y futbolístico.

A gozar con la clasificación por sexta vez de la selección de Colombia a la fiesta mayor del fútbol. Pero después del jolgorio quiero revisar algunos puntos vividos en el empate a un gol con Perú.

Sé que al hablar de un partido es esencial revisar el comportamiento del equipo en sí en cuanto a juego y explicar y justificar un resultado. Como ocurre habitualmente, hay “subidas y bajadas” en el rendimiento. Se aprecian pasajes de control y dominio del juego. La selección mostró buen comportamiento en zonas de defensa y de volantes en primera línea. Muy atentos a los movimientos de Paolo Guerrero y consiguieron mermar el aporte de Cueva, el volante más llamativo en el conjunto de Gareca. El gol de James, los amagues de Falcao y las cabriolas, controladas por cierto, de Cuadrado.

Pero el jugador más interesante resultó Duván Zapata, en su segundo partido con Pékerman. Ingresó entendiendo el juego y cumplió a cabalidad el papel que le encomendaron. Su fortaleza y contextura físico-atlética le permitieron estar hostigando la salida de la pareja de defensas centrales peruanos y de paso bajó a colaborar y siempre intentó, sin egoísmo, buscar a Falcao. Resultó un ejemplo claro de un jugador colaborador y pendiente de ayudar en cualquier zona en la que se encontrara.

En ese aspecto, es justo aplaudir su escogencia para las necesidades del partido. Es probable que se hicieran reparos a la jugada del empate. Era tiro libre indirecto, como lo señaló correctamente el juez brasileño. Sin embargo, el remate de Guerrero rozó o tocó a un jugador en la barrera, creo que a James, y ahí pasó a ser tiro libre directo. En más de una ocasión el árbitro explicó gráficamente qué había ocurrido.

En mayo de 1961, también en Lima, Colombia y Perú empataron a un gol y eso significó el tiquete para ir el primer mundial nuestro, el de Chile 62. El marcador nuevamente de empate nos embarca para Moscú. Se sufrió, se arriesgó, aunque finalmente el premio se obtuvo. Y a diferencia de lo acontecido contra Paraguay, la selección estuvo despierta y ahora sí a soltar las campanas de la alegría.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán Peláez Restrepo

Eliminados

Buen cuento

¿Qué quieren?

Los paisas

Mientras avanza