Por: J. William Pearl

Disonancia

Lamentablemente para los bogotanos, podríamos estar frente a un alcalde que tiene una disonancia cognitiva que afecta a toda la ciudadanía de Bogotá, pues él solamente cree en su visión y rechaza otras versiones diferentes.

En el año 1957, Leon Festinger en su obra A Theory of Cognitive Dissonance expone la teoría de la disonancia cognitiva, que consiste en solamente creer en su propia visión, rechazando las demás, así la evidencia diga lo contrario. Es decir, consiste en manifestar una cosa, pero hacer otra. ¿Tiene el alcalde de Bogotá esta disonancia?

La poca lluvia que por estos días afecta a Bogotá hace que lamentablemente el aire que se respira en las diferentes zonas de la capital sea nocivo para el ser humano. Es evidente que la capital tiene ya muchos habitantes y con la ausencia de lluvias convergen factores que afectan adversamente al hombre.

Por estos días circula la imagen de un bus de Transmilenio expulsando grandes cantidades de humo como muestra de la enorme contaminación generada por este tipo de buses, movidos por combustible diésel. Esa imagen muestra gran parte del problema que enfrentamos quienes vivimos en Bogotá. Las múltiples enfermedades que trae consigo la contaminación van desde el asma, bronquitis, neumonía, cáncer de pulmón y enfermedades circulatorias, entre otras. Esto no es solamente culpa del alcalde, es el resultado del crecimiento de la población, que trae consigo el desarrollo. Simplemente tenemos que saber cómo mitigarlo, por ejemplo, los pocos árboles que tiene la ciudad no son culpa tampoco del alcalde, así estaba. Prometió sembrar árboles y ya va en más de 110.000, pero Bogotá requiere un mayor número, en especial en el sur de la ciudad y en los lugares más contaminados de la misma.

Lamentablemente para los bogotanos, podríamos estar frente a un alcalde que tiene una disonancia cognitiva que está afectando a toda la ciudadanía de Bogotá, pues solamente cree en su visión, rechazando otras versiones diferentes. Es así como los cerca de “10.000 buses contaminan más que dos millones de carros”. Impone el pico y placa este fin de semana pasado a los particulares y tendrá que aumentar el número de buses en el sistema Transmilenio; es decir, flaco favor le hace al aire que se respira. Hace poco, cuando tuvo que adquirir unos nuevos buses, lamentablemente para los que vivimos en Bogotá, decidió traer los que se mueven con diésel.

El alcalde aparentemente tiene un pensamiento armónico y busca no contradecirse, pero los hechos son tozudos y una cosa es lo que piensa y otra lo que hace. Liderar una ciudad como Bogotá no es nada fácil e intentar lograr dos cosas diametralmente opuestas es virtualmente imposible, pero más inconveniente es que los ciudadanos perciban a su alcalde como un mandatario incoherente.

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