Por: Cristo García Tapia

Divagaciones

Divaguemos, pues. No hay de otra. Y hasta el tiempo es propicio. Un poco de cada cosa para la ocasión, de suya variada, plural, múltiple en situaciones de diversos tonos, climas, apreciaciones, significados y valoraciones.

Y más que de cada cosa, de cada tema de cuantos pueden ser tratados con la suficiencia ética que en su conjunto impone y demanda el oficio de escritor en general, en el que las licencias de diverso orden que privan en sus derivados de poeta o narrador, no vienen a ser las mismas que aplican para el del ejercicio de la variante de columnista en la que casi siempre confluye aquel.

Y si de las competencias éticas predicamos, cuanto queremos resaltar es que, además de la praxis y observancia de esta categoría en el acto de escribir, son las capacidades, competencias, ilustraciones, conocimientos y saberes, requisito imprescindible para abordar, confrontar y provocar en heterogeneidad de lectores el impredecible, variopinto, dialectico, disímil universo que constituye y conforma, construye y deconstruye, la opinión pública, receptor natural de ese tipo de mensaje.

Un universo que se configura y adquiere contextura colectiva en la peyorativamente denominada masa, pero que, de igual manera, puede expresarse de forma selectiva a través de canales, medios e instrumentos, terceros si se quiere, para responder al mensaje del cual es receptora y sujeto activo.

Qué tanto hace parte este nuestro del supuesto “oficio más bello del mundo”, si es que se asume o valida como el de periodista este, es de esos temas que debería provocar a los oficiantes de columnistas, sumos y legos a debatir acerca de la contribución que de nuestro hacer intelectual deriva la sociedad en las diversas clases que la conforman, ora para embocarla por la verdad y la transparencia, ya para manipularla en provecho de intereses particulares que contrarían comportamientos, opiniones, decisiones, de los cuales es dable presumir son de su utilidad y provecho general.

Es el caso de la Paz, cuyo perfeccionamiento en acuerdos, leyes, actos legislativos y regulaciones de diversa índole, no obstante la indiscutible prevalencia en ellos del interés general, de la conveniencia nacional, fin de medio siglo de guerras, ha sido también el evento que mayor daño ha hecho a la verdad, la ética y el deber ser de la paz, por el matiz manipulador que ha prevalecido en sectores de la sociedad cuyos intereses expresados en lo político, económico, social y religioso, entre otros claramente particulares, han forjado una opinión claramente desnaturalizada para negar, “hacer trizas”, su benéfico, inclusivo y  superior provecho para todos los colombianos.

No obstante el carácter subjetivo de la columna de opinión, el elemento constitutivo de la misma, su procedencia, no acusa tal característica, es un hecho concreto, material, que se enmarca y ocurre en un contexto humano, social, político, económico, cultural, geográfico, susceptible de generar dinámicas capaces de alterar relaciones, profundizar contradicciones, tomar partido, oponer tesis, alumbrar soluciones, no siempre en la dirección de preservar el sentido y la validez ética en el discurso que conceptualiza y sustenta uno o varios de aquellos presupuestos.

Y el columnista, la pieza importante en el engranaje de direccionar en un uno u otro sentido, el del interés particular o el del bien común, el caudal incontenible de una opinión con la suficiente fuerza para influir  decisiones, políticas en el caso de la paz y los acuerdos que en Colombia la hicieron posible, por la manga del interés particular y los focos de poder a los cuales reporta todo tipo de utilidad el negocio de la guerra y las violencia sistemáticas de las cuales han sido fogoneros y usufructuarios longevos, nunca víctimas.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cristo García Tapia

Es el tiempo de atrevernos

Por una visión transformadora de país

Los nuevos ciudadanos

A los colombianos no nos da miedo Petro

La soledad sangrante de las víctimas