Dolarización

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Hace unas semanas, Steve H. Hank, “un oscuro profesor”, según el premio Nobel Paul Krugman, afirmó que Colombia debía tirar el peso a la caneca y proceder a dolarizarse. Salvo cierto ruido en los medios, ninguno de los economistas serios del país le puso mayor atención a este personaje. Después de todo, más allá de los méritos de los distintos regímenes monetarios, la flotación del peso frente a otras monedas ha sido relativamente exitosa. La tasa de cambio flexible mostró su utilidad en la crisis de 2008 y también cuando cayó el precio del petróleo en 2015. En ambas ocasiones, la depreciación de la moneda colombiana ayudó a amortiguar esos golpes (en cambio, en Ecuador, un país dolarizado, esos shocks fueron absorbidos en gran parte por la caída de la producción y el empleo). ¿Para qué cambiar lo que funciona bien?

 

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