Por: Hugo Sabogal

Domecq, a la colombiana

El nombre Domecq es hoy uno de los principales patrimonios españoles más preciados en el competido mercado global de vinos y brandis.

En la península ibérica, la Casa Domecq estuvo detrás del éxito de marcas como el jerez fino La Ina, el oloroso Río Viejo y los brandis Carlos I y Carlos III. Y desde hace varias décadas ha formado parte de conglomerados mundiales como Allied Domecq, absorbido después por la francesa Pernod Ricard.

Domecq también ha estado presente en Colombia desde mediados del siglo pasado, como resultado de una asociación entre algunos miembros de la familia española y la firma colombiana I.R. Picciotto e Hijos. Esta alianza dio vida a la firma Pedro Domecq Colombia, conocida hoy como PDC Vinos y Licores.

Han sido muchos los desarrollos empresariales impulsados por PDC a lo largo de las décadas.

Sin duda el logro local más importante ha sido la creación de la marca colombiana Brandy Domecq, radicada en el Valle del Cauca, que se constituyó en el embrión de un proyecto internacional que terminó con la compra de la mayoría de acciones de Viña Undurraga, en Chile.

Inicialmente, DMC inició operaciones en Bogotá, pero distintas
circunstancias, entre ellas la ausencia de la materia prima, la llevaron a instalarse en Cali. Allí ha conformado un equipo de profesionales que se encarga de todos los detalles del proceso, incluido el manejo de una moderna planta de fermentación y destilación, y un tren de envasado con capacidad para producir 240 botellas por minuto.

La elaboración de brandis con acento colombiano se dio con la traída, en 1964, de un alambique de cobre, que a su vez permitió la primera destilación de vinos hechos con uvas Isabela, plantadas en la localidad vallecaucana de Ginebra. Esta región ha estado asociada históricamente a la actividad vitivinícola, y muchas pequeñas fincas productoras no sólo les venden sus racimos a PDC, sino que elaboran vinos artesanales en pequeña escala.

Pero Ginebra también ha sido célebre por otros acontecimientos. En los años 70 y 80 se encontró en la mira permanente del M-19, y en sus alrededores se instalaron los principales jefes de la organización. Entre ellos estaba Carlos Pizarro Leongómez, el célebre Comandante Papito. Los campesinos recuerdan que durante muchas cosechas de uva se oían en la distancia ráfagas de ametralladora y fusil, producto de las refriegas entre el Ejército y los insurgentes.

Pero la uva Isabela ha sido solamente una parte de la historia. Tras la compra de su primer alambique, PDC importó, igualmente, barricas de roble americano desde Jerez de la Frontera para conseguir un óptimo añejamiento. Esta combinación de factores convirtió a Colombia, desde entonces, en importante productor de brandis de calidad. Ha sido tanto el éxito, que el país importa muy pocos brandis españoles o europeos, quizás con la excepción de los Cognac franceses.

En un engranaje en el que están comprometidas varias generaciones de la familia Picciotto, Domecq dio el salto a Chile, donde empezó con una participación en Viña Undurraga. Igual que otras bodegas chilenas, Undurraga fue fundada en 1885 por Francisco Undurraga, miembro de una de las familias más tradicionales de Suramérica. Se estableció en el fundo Santa Ana, en el corazón del Valle de Maipo, donde se elaboran algunos de los vinos más reconocidos de Chile.

Durante décadas, la familia Undurraga llevó un próspero negocio. Con los altibajos propios del negocio del vino, la exigencia de capital se hizo mayor y fue el momento cuando Rafael Picciotto entró como socio. Hoy Undurraga está bajo la dirección de Mauricio Picciotto, su hijo, quien ha puesto a la bodega entre las diez primeras del país suramericano. Y este año la revista estadounidense ‘Wines & Spirits’ la eligió como una de las bodegas líderes del mundo. Sin duda, la experiencia adquirida por el equipo de PDC en el Valle del Cauca ha sido valiosa para el éxito de la operación binacional. Y esto demuestra que en Colombia cunden ejemplos de pequeñas, medianas y grandes empresas que crecen y conquistan el éxito sin que muchos nos enteremos.

 

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