Domiciliaria

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Así debe ser una “detención domiciliaria“, sin brazalete ni vigilancia policial en la puerta de la casa. Es preferible tomarlo como un ejercicio de voluntad y obediencia. El asunto no está en sentirse víctima de la pandemia, sino en descubrir mecanismos de entretención y formas para ocupar el desparche. Sin llegar aún a conclusiones más filosóficas, eso puede ser el lunes bien entrada la noche, quiero esbozar planes para disfrutar del ocio. Sin afán, sin tener que cumplir citas de cualquier clase, puede uno darse a la tarea de conocer a fondo y tener respuestas de por qué la DIAN, por ejemplo, reclama multas de cifras que ellos ”descubrieron” y que se convierten en deudas con intereses, sin que el contribuyente se dé cuenta.

Si con el número de la cédula o el NIT la DIAN pilla el faltante de impuesto, ¿por qué no avisar a la persona o entidad de esa nueva obligación oportunamente y prefiere en silencio esperar para añadir intereses de mora? Pero existe otra pesquisa más desgastante: ¿cómo reclamar a una de esas agencias del turismo hotelero, a la cual ya se le pagó la estadía para que, por fuerza mayor, cambie las fechas inicialmente programadas por otras en el futuro? ¿Cómo le explica a hoteles.com ese cambalache y que lo entienda?

Después de esta averiguación mortificante para el espíritu, puede uno entrar a esculcar en la biblioteca personal tomos de obras dormidas. Por ejemplo, una antología de poesía popular. Sacudir libros. Saludable resulta hurgar en esas mismas páginas los subrayados que uno alguna vez con menos edad hizo y creyó estar de acuerdo con el escritor. Leerlos después de mucho tiempo regocija, o se sorprende uno del pensamiento caduco de ese entonces.

Capítulos adicionales, oír música y aprovechar los audífonos de hoy para aislarse en pensamiento y evocaciones con tinte nostálgico. La época se presta para estar más próximo a la familia y darle gusto a la señora, por eso intentar ir a la cocina, para recordar cómo fritar un huevo o encender una estufa de gas o manipular el horno pequeño, no el microondas. Volver a pelar a mano una mandarina y reconocer el olor de la “melancolía”.

Encontrar en las plataformas tantas tandas de ejercicios para sostener un cuerpo sano, no tanto atlético. Por mi parte, entre fotos, libros, música y otros menesteres intentaré disfrutar de estos días, donde además, por el tatequieto de la edad, es preferible quedarse en casa. Seguramente me van a proponer jugar domino o cartas, lo cual no es lo mío, pero uno debe ser decente y aceptar toda clase de propuestas, así no encuentre seducción en ellas. También en la tecnología existe la posibilidad de practicar un idioma, ojalá muchas de estas guías, así se pueden llamar, ayuden a esta “detención domiciliaria”. “Al mal tiempo, buena cara”. El ser humano se adapta a todo: al pico y placa, al cinturón de seguridad, a las dietas y hasta acostarse temprano, como alguna vez nos mandó Lleras Restrepo.

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