Por: Santiago Montenegro

Donald Trump sonríe

Los astros se están alineando en favor de la reelección de Donald Trump para la presidencia de los Estados Unidos. Después de haber fracasado la iniciativa del Partido Demócrata para destituirlo, una encuesta le otorgó una favorabilidad de un 49 %, la más alta desde el comienzo de su administración. Para los demócratas, la coyuntura no ha podido ser peor pues, al tiempo que Trump y el Partido Republicano celebraban su triunfo en el Senado, los llamados “caucus” de Iowa fueron un verdadero desastre reputacional para quienes esperan sacar al presidente de la Casa Blanca. Porque, como escribió un analista, si no son capaces de organizar bien unas simples primarias en Iowa, ¿cómo esperan los demócratas dirigir un país tan grande y en un escenario tan complicado como el actual?

Pero, más allá de haber evitado su destitución en el Senado, el camino a la reelección de Trump también está siendo allanado por factores más estructurales. En primer lugar, por el desempeño de la economía. Gracias a un crecimiento sostenido, el desempleo está en uno de los niveles más bajos de la historia, los salarios reales de los trabajadores crecen a buen ritmo y las bolsas de valores están disparadas. Muy seguramente el crédito de la expansión de la actividad económica hay que dárselo también a la administración de Barack Obama, pero la verdad es que, cuando siente que el bolsillo va bien, la gente tiende a darle el crédito al mandatario de turno. De allí el dicho “it’s the economy, stupid”.

Pero no todo es la economía y no todo son los propios aciertos. Los errores de los adversarios pueden ser tanto o más favorables que los propios aciertos. En ese sentido, la reelección de Trump puede facilitarse si el candidato de la oposición es el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, o la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, quienes son percibidos como demasiado izquierdistas por el votante medio de los Estados Unidos. Además de su edad (tiene 78 años), Sanders genera rechazo en muchos sectores de centro, púes es visto como un personaje que vive aún en la década de los años 60 y en un país de tradición estatista, como Francia. De ganar la nominación Sanders o Warren, se puede plantear un escenario similar al de las pasadas elecciones del Reino Unido, en las que Boris Johnson y su Partido Conservador propinaron una de las mayores derrotas de la historia al Partido Laborista, dirigido por Jeremy Corbyn. Además de la fatiga generada por el brexit y del populismo de Johnson, el apabullante triunfo conservador fue sin duda facilitado por las propuestas de extrema izquierda de Corbyn, además de su increíble tolerancia al antisemitismo dentro del laborismo. Sus propuestas generaron tanto rechazo e indignación que, por primera vez, los tories ganaron en circunscripciones del norte de Inglaterra, en las que siempre habían prevalecido los laboristas. Aunque Sanders y Warren no plantean políticas tan radicales como las de Corbyn, pueden resultar inaceptables en un país que es más conservador que el Reino Unido. Tampoco podemos olvidar que algunos de los asesores de estos candidatos, como el profesor Joseph Stiglitz, respaldaron las políticas de Hugo Chávez para Venezuela. Por supuesto, nada está escrito en piedra y mucha agua pasará por debajo de los puentes desde hoy hasta las elecciones de noviembre. Pero, por ahora, Donald Trump sonríe.

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2020-02-10T00:00:02-05:00

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