Dónde comer en Mompox

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A finales del año pasado recibí el libro Río Grande de la Magdalena, cuyo contenido me sacó lágrimas de frustración y nostalgia y, a la vez, me motivó la acertada decisión de volver a Mompox para refrescar recuerdos y paisajes con más de un cuarto de siglo gravitando en mi memoria. Después de cinco horas de viaje, me senté en una clásica mecedora momposina, me ofrecieron un refrescante jugo de corozo y con un breve reposo de cuerpo y alma se me atravesó un corto texto que leí en el mencionado libro, donde su autora expresaba: “La comida de los champanes descrita por el francés Augusto Le Moyne (1828), como variada y regular, estaba hecha a base de pescado, aves, huevos, legumbres y frutas compradas en las aldeas cercanas. Una comida especial para John Hamilton (1830) era pavo real o guacharaca asada, con vino y plátano verde asado. También eran platos exquisitos la iguana cocida en fricasé con salsa blanca y el faisán cocinado con arroz”.

“La cocina de una región es su paisaje en la olla”, Josep Pla

A finales del año pasado recibí el libro Río Grande de la Magdalena, cuyo contenido me sacó lágrimas de frustración y nostalgia y, a la vez, me motivó la acertada decisión de volver a Mompox para refrescar recuerdos y paisajes con más de un cuarto de siglo gravitando en mi memoria. Después de cinco horas de viaje, me senté en una clásica mecedora momposina, me ofrecieron un refrescante jugo de corozo y con un breve reposo de cuerpo y alma se me atravesó un corto texto que leí en el mencionado libro, donde su autora expresaba: “La comida de los champanes descrita por el francés Augusto Le Moyne (1828), como variada y regular, estaba hecha a base de pescado, aves, huevos, legumbres y frutas compradas en las aldeas cercanas. Una comida especial para John Hamilton (1830) era pavo real o guacharaca asada, con vino y plátano verde asado. También eran platos exquisitos la iguana cocida en fricasé con salsa blanca y el faisán cocinado con arroz”.

Mompox no es una ciudad de restaurantes; existen sí muchos negocios de buena factura y presentación, que logran cumplir con la demanda de un turismo cuya alimentación queda satisfecha con pizzas, perros, tacos y pasta; sin embargo, afortunadamente, en aquella ciudad con cuatro siglos de historia existe un lugar llamado El Comedor Costeño, en el cual, según la temporada, preparan los más variados platos de la cocina sabanera, cuyos sabores responden a una juiciosa mezcla del fogón del boga con el fogón de la finca ganadera y también con aquel fogón del cosechero del arroz y el algodón; allí se cocina la gallina sudada en leche de coco y adobada con ajíes dulces y achiote; allí fritan la mojarra fresca y la acompañan con yuca cocida, suero y arroz pajarito (trocitos de plátano maduro); en este comedor sirven un sancocho de posta de bagre con ñame y yuca, cuyo sabor es exclusivo; a sus manteles llega un arroz con pato guisado que solo allí se conoce; de su cocina también sale guatinaja sudada acompañada con arroz de frijolitos negros; famoso es su ponche (léase saíno o lancho) preparado a las brasas o sudado en caldero, con berenjenas y plátanos maduros… y en épocas especiales preparan de manera lujuriosa la hicotea y la iguana. Poco se dice con mencionar sus nombres, pero mis ojos y mi olfato me permiten aseverar que toda la comida que por mi lado pasó, más aquella que fisgoneé en las mesas vecinas, más los platos que degusté con absoluta predisposición cardenalicia; toda cumpliría con las exigencias para el paladar mas sofisticado. Informo: El Comedor Costeño está ubicado en una silenciosa albarrada que bordea al río, donde sus mesas gozan de la sombra que le otorgan hermosos árboles de mango… almorzar o cenar en esta escenografía es un privilegio que vale la pena disfrutar y luego guardarlo para siempre en nuestra memoria de aventuras culinarias.

*Restrepo Manrique, Cecilia. Río Grande de la Magdalena: La alimentación en los champanes del siglo XIX. Colección Credencial Historia. Bogotá 2014.

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