Por: Óscar Sevillano

¿Dónde están los ministros?

Lo peor que le puede suceder a un presidente es que en los ciudadanos crezca la sensación de que su primer mandatario no tiene un norte claro y que su equipo de trabajo luzca descoordinado.

Si quien lleva la batuta no conoce la melodía, es difícil que le imponga el ritmo a la orquesta que dirige. En este sentido, si el presidente parece no tener claro hacia dónde quiere conducir su período de gobierno, la cartera de ministros va a aparecer ante la opinión pública desordenada, con varios de sus integrantes hablando en los medios de comunicación como si ocuparan un cargo diferente al que ostentan, y otros no van a saber qué responder a las inquietudes que alrededor de su gestión existen.

De esta manera, entonces, vemos al canciller Carlos Holmes Trujillo hablando en algunas ocasiones como si fuera el ministro del Interior y en otras como si ocupara la cartera de Defensa; al alto comisionado para la Paz, como queriendo disputar el cargo de ministro de Defensa; a la ministra del Interior, con dificultades para exponer los hechos que suceden alrededor de su gestión, la mayoría desfavorables; al ministro de Defensa, como imitando a un soldado bachiller que presta el servicio militar; la de Justicia parece caso perdido, mientras el resto de ministros no saben, no responden.

Una cosa es nombrar en las cabezas de los ministerios a personas lejanas a las malas prácticas políticas, hecho que aplaudo, y otra es permitir que, bajo este argumento, se escondan en sus oficinas y no le den la cara al país.

Los colombianos necesitamos conocer las iniciativas del Gobierno Nacional en materia de comercio exterior y las apuestas en educación básica primaria, básica secundaria y educación superior. También esperamos respuestas en lo que tiene ver con economía rural, empaparnos del contenido de la reforma a la justicia, etc., y para esto se requiere de la presencia de los ministros del gabinete en el debate nacional hablando de los temas con total propiedad y manejo.

Es cierto que los problemas de orden público en Colombia son delicados, pero, excúseme, señor presidente, no es el único tema que merece atención, entre otras porque para eso están las fuerzas militares y de policía, que aun con los errores cometidos merecen todo el reconocimiento, porque son quienes le han puesto el pecho a la guerra.

Nuestro país tiene miles de problemas en todos los aspectos que requieren atención inmediata y para esto es necesario, en primer lugar, que Duque se concentre en ellos, deje de jugar al buen samaritano permitiéndoles a los venezolanos resolver ellos mismos sus dificultades y ordene al gabinete ministerial darle la cara al país.

El vergonzoso espectáculo que se vivió en el Congreso de la República con las objeciones a la ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz demostró que la agenda de Gobierno no parece tener un coordinador y si no fuera por la presencia del alto consejero para la Política, Jaime Amín, el manejo político del Gobierno en Senado y Cámara de la ministra del Interior sería un total desastre, mucho más de lo que hacia afuera se puede notar.

Si el presidente Duque en realidad tiene un norte claro, debe dar la orden a sus ministros para que salgan al debate público exponiendo los temas que le corresponden a cada uno o cambiar a los miembros de su gabinete, escogiendo personas que conozcan sus respectivas carteras y no les dé miedo hablar en los medios de comunicación, foros y seminarios con la academia y la oposición, sin que necesariamente estos correspondan a cuotas políticas de quienes le apoyan en el Congreso de la República.

Cambiando de tema. Deben ser muy fuertes las razones de la senadora Maritza Martínez para retirarse de la votación de las objeciones a la JEP y permitir que se le señale de ser la “Yidis Medina del Gobierno Duque”.

 

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