¿Dónde quedan los profesores universitarios en el plan de vacunación?

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Como es de amplio conocimiento, la pandemia de la COVID-19 tiene su origen en el virus SARS-CoV-2. Tan solo pasaron escasos meses de la aparición de los primeros contagiados en Wuhan (China), para que a principios de 2020 se lograra establecer la secuencia genética del virus y con ella emergiera un importante número de investigaciones orientadas a establecer el mecanismo usado por el virus para infectar a los seres humanos.

Hoy sabemos que la clave fundamental del mecanismo de infección radica en la proteína S que conforma las espículas del coronavirus y que es reconocida por el receptor ECA2 presente en nuestras células, de esta forma el virus ingresa a nuestro organismo y empieza un complejo proceso de replicación. La comprensión de todos estos mecanismos deslumbra la inteligencia humana y es esencial para llegar al punto en el que nos encontramos hoy con la producción y aplicación de varias vacunas: Pfizer-BioNTech, Moderna, Janssen, AstraZeneca y Sputnik V.

Desde el principio de la pandemia se puso la esperanza en obtener las vacunas que contribuyeran a resolver la crisis sanitaria recuperando lentamente la normalidad en la vida social. A pesar de que este momento pareciera estar llegando en Colombia, además de existir varias preguntas sobre la efectividad y contundencia del Plan Nacional de Vacunación, surge la pregunta por los grupos poblacionales que fueron seleccionados en cada una de las fases propuestas.

La implementación efectiva del Plan Nacional de Vacunación parecería abrir la esperanza para retornar a la presencialidad en los centros educativos del país, pues claramente la pandemia ha empezado a cobrar sus efectos en la formación de los niños y jóvenes, poniendo de presente el recrudecimiento de las brechas sociales, digitales y de conectividad, causando que miles de estudiantes abandonen sus procesos de formación a causa de las limitaciones económicas y de conectividad. De acuerdo con datos del Ministerio de Educación Nacional, en 2020 cerca de 158.000 niños desertaron de la educación básica a causa de la emergencia sanitaria.

En esa medida y en diversos escenarios se ha planteado la posibilidad de la implementación de un modelo de presencialidad con alternancia que permita a los estudiantes en la educación básica y media regresar de manera gradual y segura a las instituciones educativas. En Bogotá, por ejemplo, desde el 15 de febrero de 2021 se comenzaron a habilitar los planes de alternancia en colegios públicos y privados, así como en la educación superior. Sin embargo, pese al añorado inicio de la vacunación, la incertidumbre sobre el regreso a las aulas y el impacto que puede traer sobre maestros, estudiantes y sus familias es amplia. La Federación Colombiana de Educadores (FECODE) y la Asociación Distrital de Trabajadores y trabajadoras de la Educación (ADE) han expresado en reiteradas oportunidades su rechazo al retorno a clases de manera presencial, debido al riesgo que implica para la salud y la vida de los integrantes de las comunidades educativas, teniendo en cuenta las condiciones reales de la mayoría de establecimientos educativos públicos, sus limitaciones de espacios y de medidas de bioseguridad.

La directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, solicitó en una declaración oficial en diciembre de 2020, a los gobiernos de los países, priorizar a los maestros en el proceso de vacunación contra la COVID-19, pues esto puede contribuir a protegerlos contra el virus, les permitirá enseñar en persona y, en última instancia, servirá para mantener las instituciones educativas abiertas. Países como Chile ya han comenzado con sus procesos de vacunación en profesores y profesoras mayores de 60 años.

En Colombia hasta ahora comienza el proceso de vacunación, el 16 de febrero apenas llegaron 50.000 dosis de vacunas para 25.000 ciudadanos. El Plan de Vacunación contempla cinco fases de priorización y los maestros de educación básica y media se encuentran en la tercera, mientras que los profesores universitarios no se encuentran priorizados en ninguna, lo cual llama la atención porque, como todos los maestros, en un eventual regreso a la presencialidad estarían permanentemente expuestos a espacios escolares con un importante flujo de personas y una buena parte del gremio docente universitario está fuera de las edades que han sido priorizadas en las primeras fases. En este sentido, ¿qué pasará con los profesores universitarios que tengan que volver a laborar y no estén vacunados?

No existen certezas sobre el curso del proceso ni sobre los tiempos que tomará cubrir la primera fase, mucho menos alcanzar la inmunidad de rebaño. Mientras tanto, los procesos educativos continuarán dependiendo de las posibilidades de conectividad, de las condiciones particulares de las instituciones educativas y de los recursos digitales y tecnológicos a los que tengan acceso los estudiantes y sus familias para sus procesos de formación.

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional

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