Por: Armando Montenegro

Dos buenos candidatos

JUAN MARIO LASERNA. NO ES COmún que un joven político colombiano realice sus estudios primarios en Francia (el aspirante todavía recita en su idioma original, de memoria, apartes completos de Víctor Hugo y Racine), su bachillerato en Andover, donde fue compañero de Patrick Kennedy (el último miembro de ese clan político en el Congreso de Estados Unidos) y sus estudios universitarios en Yale (economía) y Stanford (MBA).

Este personaje, de 42 años, que además ya desempeñó con eficacia los cargos de director del Banco de la República, viceministro de Hacienda y director de crédito público, quiere llegar al Congreso el próximo 14 de marzo.

A pesar de su erudición libresca, Laserna puede explicar las sensibles diferencias que percibe entre los tres tipos de chicha de Natagaima y hacer un elogio ilustrado de la de Coyaima. Puede probar, además, que antes de ir a Yale, a sus 18 años, recorrió todo el Tolima, de feria en feria, “arrendando” vacas y toretes de lidia en las corridas y novilladas de sus calurosos y bulliciosos municipios. Y que disfruta, al lado de Christine, su esposa gringa —su “traga” de los días de Andover, entonces inalcanzable y, como todas las buenas “tragas”, no correspondida—, ahora compañera de su aventura política, de la vista del río Magdalena desde las estribaciones de la cordillera, rodeado de ceibas, tiples y pasillos.

Juan Mario trata de llenar el vacío que, en buena hora, creó la justicia colombiana al enviar a la cárcel a una parte significativa de la bancada parlamentaria del Tolima por sus relaciones con los paramilitares. Con su preparación y experiencia, Laserna puede ocupar la silla de un buen economista en las comisiones económicas del Senado, la misma que está vacía desde la muerte de Víctor Renán Barco. Se alista también a continuar la tradición de los políticos tolimenses, como Palacio Rudas y “lord” Parga, que por mucho tiempo exhibieron sus variados conocimientos del mundo, el arte y la cultura, al tiempo que sirvieron bien a su departamento y a su país.

 Cuando le dicen, en tono de chanza, que su único defecto es ser conservador, Laserna replica que él es un conservador libertario, burkeano, que aprecia a John Stuart Mill, sobre todo por su célebre ensayo sobre la libertad. Sus interlocutores, incluso aquellos que no saben quién es Burke o Mill, parecen quedar convencidos de que, en el Senado, Juan Mario será un hombre independiente y honesto, que hará su tarea por encima de las cosas menudas de los partidos.

La gente de la franja de opinión que no sabe por quién votar, encontrará en Laserna una buena opción. Partido Conservador, Senado, número 49 (“siete por siete”, dice el candidato, tal vez con algún signo cabalístico en su mente).

Simón Gaviria. Simón Gaviria tiene muy buena educación y es brillante, pero este no es el mejor argumento para votar por él. Aunque no sabe tanto de chicha tolimense ni de las obras de Molière, su fuerte es su probada efectividad como congresista para redactar, impulsar y hacer aprobar buenas leyes. Entre ellas, la que convoca a un referendo para castigar a los violadores de niños; la de insolvencia para personas naturales; y la que asegura un número único y personal para los teléfonos celulares (no importa con qué compañía se contrate el servicio). Simón Gaviria, Partido Liberal, Cámara de Representantes, número 101.

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