Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Peñalosa y desalojos

Con el desalojo del Bronx, gracias a los inteligentes operativos planeados por la Policía bajo la dirección del alcalde mayor, Enrique Peñalosa, se destaparon varias ollas podridas, llenas de sangre y crímenes.

El desalojo fue violento, no pudo ser pacífico por las condiciones de los jefes que manejaban la producción y venta de alucinógenos, y el ejército bien entrenado de vendedores de estas drogas que están dañando a nuestros niños, jóvenes y adultos sin discriminar el estrato social.

En esta guerra fratricida, que Dios quiera termine pronto, se produjeron consecutivos desplazamiento de las familias del campo en las regiones comprometidas en la lucha, que inevitablemente terminaban llegando sus gentes a las principales ciudades de Colombia, especialmente a Bogotá, que se convirtió en la madre putativa que acogió a centenares y miles de migrantes del país.

Como consecuencia de estas migraciones internas, en las ciudades principales e intermedias florecieron el desempleo, la prostitución y, por supuesto, la producción y venta de droga, y la consiguiente aparición de sayayines que crearon un imperio del crimen donde se comerciaba todo tipo de armas, uniformes militares y la venta de drogas, con la utilización de menores de edad en esta criminal actividad.

En la administración pasada del alcalde mayor Gustavo Petro, se trabajó para recuperar a los habitantes de la calle y procurar cambiarles su derrotero de vida, con el lema de la “Bogotá Humana”.

En la nueva administración del alcalde Enrique Peñalosa, además de la construcción de vías, parques con verdes prados, metro, nuevas rutas del Transmilenio, el arreglo de las vías que son un desastre, ojalá se pensara también en la reubicación definitiva de estos miles de ciudadanos de la calle, expulsados del Bronx y otras ollas de vicios y prostitución, y se les brinde una vida digna ahora que hablamos de paz y convivencia, y no la solución final de presionarlos empujándolos para que vayan a las alcantarillas y debajo de los puentes, y luego venga un torrencial aguacero que los arrastre a las negras y nauseabundas aguas del río Bogotá, donde obviamente pueden perecer.

Si los Colombianos le decimos Sí al acuerdo de paz, tendremos oportunidad de construir una mejor historia.

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