Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre un editorial

De antemano me entristece leer un editorial así (“La irresponsabilidad de desconocer el plebiscito”, 21/12/16, El Espectador) de un periódico que leo asiduamente. Tal vez por eso me animé a escribir. Es tan cierto que la voluntad popular es libre y debe respetarse, pero no podemos pasar por alto que la campaña por el No utilizo métodos no del todo éticos. Es peligroso jugar a defender nuestra democracia convalidando actos que en otras circunstancias acarrearían por lo menos investigaciones de fondo más serias, en un país como el nuestro, donde el índice de lectura es uno de los más bajos en el continente, donde han hecho carrera el insulto personal y la difamación como arma de ataque, no se necesita ser muy inteligente para saber que confundiendo un poco aquí y diciendo verdades a medias allá se consigue el resultado ideal. Y es allí donde ustedes, los diarios, deben ser fuertes y mantener la neutralidad que sirva de remanso y fuente inagotable de opinión sin sesgo, para entender el constante devenir de nuestra política. Es cierto: el voto es sagrado y libre, por eso hay que acusar con firmeza a quienes intentan manipularlo, porque ni nos vamos a convertir en Venezuela ni Timochenko va a ser presidente mañana ni las cortes están cooptadas por el terrorismo de las Farc y mucho menos nuestros niños van crecer con tendencias homosexuales.

Leonardo Castelblanco Peña.

Sobre un editorial II

Me encuentro en desacuerdo con el editorial frente al fallo reciente del CE.

El CE se soporta muy seguramente en declaraciones del gerente del Centro Democrático (CD), Juan Carlos Vélez.

No hay posición sesgada políticamente en este fallo en derecho. Los políticos no pueden ni deben hacer política con engaño y mentira, para que “el pueblo vote emberracado”. Se clasificó el engaño por sectores para diferentes clases sociales. Efectivamente hubo engaño. Seguramente muchos votaron a conciencia. Pero también muy seguramente la mayoría de población de clase social humilde, en estratos 1 y 2, por ej., que no tienen una formación política definida por ignorar o ignorancia con las corrientes políticas en puja dentro del proceso y con una campaña que tergiversa la realidad con las explicaciones engañosas. Con la mala intención de sesgar la información indujeron al votante de estos estratos, engañado por medio de ese discurso, aprovechando la debilidad en su formación política y del escenario que se manejaba. Este segmento dentro de un proceso de votación es mayoría dentro de la población. Entonces, orientado con mentiras, metiéndole miedo, votó sin conciencia de lo que hacía. Y seguramente la diferencia de 50.000 votos hubiese sido mayor, mucho mayor, pero en contrario. Por lo tanto, al sesgar la información se manipuló y engañó. Son las declaraciones emotivas del gerente del CD, de como se hizo la campaña. Con engaño “pa’ engañar y meter miedo y emputar al pueblo”.

El fallo manifiesta o muestra, y así se entiende, que no todo vale en Colombia. Que también se pueden y deben juzgar actuaciones que mienten y engañan, que en todas las actuaciones de la vida se debe ser honesto y transparente. ¿Por qué debemos aceptar que se induzca a la población, se le engañe? ¿No es mala esa actuación, no es comprar de alguna manera la conciencia del ser? ¿No se llama corrupción el no ser honesto? ¿Debemos vivir siempre bajo la mezquindad del disfraz del engaño? No se puede eternizar el mentir mucho menos en decisiones de esta naturaleza. No sólo fueron engañados los del CD, también hubo engaño a los fieles cristianos de las iglesias que promulgaban el odio a la interpretación del concepto de “ideología de género”, radicalizando con engaño el verdadero sentido de esta información a los colegios, que pedían respeto y no “matoneo”, por la inclinación sexual de niño a niña, de joven o jovencita, de hombre o mujer. No se puede engañar su conciencia, la del que siente atracción y orientación a aceptar como pareja al de su propio género. No se puede matonear desde su familia ni desde su iglesia.

Por esas y muchas razones más, seguramente el Consejo de Estado ha emitido el auto en cuestión, con el cual estoy de acuerdo. Y, en desacuerdo con la nota editorial.

José Jhonny Martínez Donoso. 

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