Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

¿Referendo o garantía de derechos?

El referendo para que se responda quiénes pueden adoptar puede valer cerca de $280.000 millones, y si ganaran los amigos de modificar la ley actual, sería inútil.

Lo que debemos es exigir el cumplimiento de la Constitución por las autoridades, la sociedad y las parejas, para que sea realidad la igualdad de deberes y obligaciones en las relaciones familiares, para que todos los hijos sean habidos por progenitores responsables, es decir, por padre y madre que tengan forma de sostenerlos y educarlos mientras sean menores o impedidos. Para que los niños tengan garantizados sus derechos a la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, a tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión, y no sean abandonados, ni sujetos de violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos.

Lo que debemos es invertir esos $280.000 millones en garantizar los derechos de los niños, para que no haya adoptables o por lo menos para minimizar el número de adoptables. Garantizar la vida decorosa al ser humano, hacer realidad los derechos fundamentales básicos para tener una vida digna es un deber que no podemos evitar con un referendo que nada tiene que ver con la situación de riesgo de nuestros niños y niñas.

El referendo no puede ser visto como una opción de ganar votos o un camino para defender unos principios cercanos al fundamentalismo que van en contravía de un país que necesita un cambio urgente de mentalidad para recobrar la confianza pública y el orden jurídico y social.

Carlos Fradique-Méndez.

Mujeres debiluchas

El siempre astuto Marco Fidel Ramírez, bogotano autoproclamado concejal de la familia (discriminadora y sexista), ha hecho carrera política equiparando el feminismo y las reivindicaciones de género con una dictadura de la corrección política.

Ahora saca pecho por haber propuesto en el Concejo de la capital una norma que obliga a los hombres en Transmilenio a ceder su puesto a las mujeres. Dizque esto para reducir los escandalosos índices de acoso sexual en el transporte público. ¡Salvó la patria este machito cabrío!

Sólo que, claro, si supiera y escuchara a las mujeres, sabría que sentadas también nos acosan y nos hacen lo que se les venga en gana. Esta es la clase de medidas que le dan mal nombre al feminismo y no solucionan absolutamente nada. Se requiere otro nivel de genialidad para hacer propuestas tan equivocadas.

Helena Rincón. Bogotá.

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