Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

El Gran Defraudador

Colombia, país de fraudes y defraudadores, se apresta a recibir al Gran Defraudador. Esta semana pasaremos de los uribitos, noños y bustos al que se hace llamar papa y se apellida Bergoglio, versión burlesca de nuestro inolvidable “embajador de la India”. Porque, como dice Serrat de los macarras de la moral, “si no fueran tan dañinos, producirían lástima”. Pregona la pobreza en medio de las riquezas que esconden sus bancos. La humildad en medio de su soberbia monoteísta. La paz en medio de la ancestral violencia de su iglesia, ahora en modo pederasta. El Vaticano es la herida purulenta de Italia. Italia está dividida entre norte y sur porque en el centro padece este cáncer que sigue haciendo metástasis sobre el resto del planeta. La caída del Imperio romano no ha tocado fondo. Se ha degradado hasta convertir a Italia en una variopinta barriada donde habita, a la vez agazapado, el Gran Fraude. Nietzsche se guardó para sí que su gran náusea siempre tuvo nombre propio: el papado católico. Y para ayudar, ahora los musulmanes le sirven de idiotas útiles. Mientras se lanzan al suicidio imponiendo su cielo con pólvora en el vientre, distraen mientras los defraudadores de color púrpura hacen su septiembre vendiéndonos el cielo con dinero de nuestro bolsillo. Aproximadamente $28.000 millones de nuestros impuestos. Esta semana nos toca el turno purulento. Lo veremos tocando la cabeza de los niños que siguen siendo bestializados por el curato. Anunciando el cielo a los estómagos vacíos que quedarán, luego, con sus bolsillos vacíos. Vendiendo esperanzas desesperantes. Ya nos llega la caja de Pandora de la decadencia. Y por si quedaran dudas de nuestra patología, ¡nosotros pagamos para que venga!

Bernardo Congote. Bogotá.

El justo temor

Señores parlamentarios colombianos, los honestos y los corruptos:

Por primera vez estoy de acuerdo con todos ustedes y con gran parte del pueblo colombiano en cuanto al temor de que unos exguerrilleros, que han cometido toda clase de delitos, lleguen a ocupar curules en el Congreso. Claro que todos tenemos temores diferentes:

Ustedes, los parlamentarios, especialmente los corruptos, los demagogos, los promeseros, temen que los exguerrilleros les quiten votos, les quiten espacios, les quiten privilegios y promuevan reformas que a ustedes poco les agradan.

El pueblo en general siente el temor que han sembrado Álvaro Uribe y sus ingenuos seguidores, procurando conservar sus prebendas y sostener su indignante imperialismo.

En cambio yo, simple ciudadano, siento un temor horrible, un temor mayor que el de todos: temo que los parlamentarios exguerrilleros, cuando lleguen allá, se dejen corromper por muchos senadores y representantes inmorales que, por desgracia, los colombianos inocentes llevaron hasta esa “dignidad”.

Luis Alfredo Molina Lopera.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

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