Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre Cartagena

Cada vez su periódico usa los editoriales para defender la depravación. Ustedes no viven en Cartagena y nunca desde su 2.600 mts. de altura pueden identificar la degradación moral que aqueja a la ciudad, en donde la sodomía de unos no debe afectar la convivencia de los demás. Si estás de acuerdo con estos eventos, hazlos en tu casa y no en la bella Cartagena.

Alexander Pretelt. Cartagena.

 

Sobre la universidad pública

Trabajé como profesora de planta de la Universidad Nacional de Colombia durante 30 años. La editorial de El Espectador del martes 10 de octubre de 2017 habla de las deudas del Estado con las universidades públicas. Siempre se enfoca el problema del déficit financiero desde el mismo ángulo: les falta dinero a las universidades públicas y este debe proveerlo el Estado. No he visto nunca un artículo o columna que realice una investigación de fondo, responsable y objetiva que plantee el problema con más equidad, que analice, aunque sea por una vez, los deberes y responsabilidades de quienes reciben y disfrutan de los dineros públicos... Porque todo no puede reducirse a reclamar siempre derechos, sin considerar nunca los correspondientes deberes... La Universidad Nacional recibe mucho dinero. Nunca le alcanza. Nunca le resulta suficiente. El desperdicio, el daño y el robo de todos los rubros son continuos. Pero como es robo y desperdicio de dinero ajeno... a nadie le interesa. Todos pasan por encima. Se roban las manijas de los baños, el flotador de la cisterna, las chapas, los interruptores, los bombillos, las grabadoras... Se gastan materiales de todo tipo sin ningún control. El desperdicio de luz y agua es continuo. Con mucha frecuencia hay escapes de agua en los baños durante semanas. Y las luces en los salones permanecen encendidas a veces hasta la noche. La negligencia reina en prados y edificaciones. Los profesores piden viáticos, honorarios, licencias, años sabáticos y viajan sin control cuidadoso y estricto de sus obligaciones y contraprestaciones. El comité de puntaje aprueba y adjudica puntos-salario que aumentan el ingreso salarial del profesorado, con beneficio vitalicio, con acomodos y pactos sindicales. No hay control en el uso de teléfonos, fax e internet que recorren algunas oficinas. Muchas oficinas son convertidas en locales comerciales y de propaganda, ajenos a la academia.

Escuchar las voces de los estudiantes no resulta suficiente. Ni siempre confiable. La universidad tiene tres estamentos: profesores, administrativos y estudiantes. El Espectador pide que se escuchen las voces de los estudiantes.

Es un despropósito pedir, con la fuerza de una editorial, pero sin estudio, investigación ni conocimiento específico, que recursos del impuesto de renta, y el 40 % del IVA, se asignen de manera permanente para las universidades públicas. Y muy desinformado, parece no entender la importancia y la responsabilidad de la cofinanciación en una universidad que también tiene alternativas de contratos, servicios y asesorías de alto ingreso e impacto nacional.

María Dolores Jaramillo.

 

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