Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Diálogo con mi hermano mayor

Mi hermano acababa de enviarme una serie de fotografías con campesinos masacrados, acompañadas de burlas a la presunta Presidencia del allí llamado “asesino Timochenko”. Y le respondí: “Siento mucho que uno de los tuyos hubiera sido asesinado por las Farc”. Con cierta sorpresa, me llamó al teléfono y me dijo que era falso, pues ninguno de los suyos había sido asesinado. Pero yo le contesté que tal como rezaban sus reiterados “memes” a mi WhatsApp, él actuaba como si fuera una víctima. Entonces me aclaró que él se estaba oponiendo a que los asesinos de la Farc pudieran llegar a gobernar a Colombia. Y le recordé que, si su argumento fuera cierto, en Colombia debíamos haber impedido que fueran presidentes decenas de victimarios que, arropados bajo las banderas liberales o conservadoras, atizaron una guerra civil que asesinó colombianos desde el temprano siglo XIX. Quiso ripostar diciéndome que tampoco le gustaría ver asesinos en el Congreso. A lo que le respondí preguntándole: ¿Y por qué no dijiste algo cuando los paramilitares Báez y Mancuso se tomaron ilegítimamente los estrados del Congreso durante el gobierno Uribe? Luego de algún silencio me recordó que él, en verdad, sólo quería hablar conmigo para saludarme. Yo le agradecí recordándole que también lo seguía queriendo.

Bernardo Congote.

Respuesta a Eduardo Sarmiento

Estoy de acuerdo en que la ley 100, como lo insinúa el Dr. Sarmiento en su columna “La anarquía del sector salud” (12/11/17), es producto de una lectura neoliberal a la declaración de Alma Ata (1978), mediante la cual convirtieron su loable propuesta, “Salud para todos”, en atención médica para todos, haciendo que, como lo dice el Dr. Sarmiento, “el gasto social, que representa un alto porcentaje del producto nacional, se quede en buena parte en los grandes consorcios”, negando con ello al mismo tiempo, y de manera absurda, la gran importancia de Determinantes de la Salud ajenos a la medicina que en la cotidianidad son incluso de mayor importancia que ella, como la disponibilidad de agua potable, el saneamiento ambiental, la calidad de la vivienda, el poder adquisitivo y la educación, entre otros, lo que explica por qué, luego de casi un cuarto de siglo de la implementación de ese barril sin fondo, tenemos niños “beneficiarios” de la famosa “salud subsidiada” que mueren de desnutrición y de diarrea, y en general, la salud de los colombianos no es mejor que antes de la aprobación de ese esperpento legislativo, hecho comprobado por las “colas” interminables de enfermos (y de “enfermos”) que acuden diariamente a los servicios médicos prestados a través de las diferentes Empresas Promotoras de Atención Médica (EPAM), que es lo que realmente son, aunque les dieron el engañoso nombre de Entidades Promotoras de Salud (EPS), en donde, para completar el despilfarro, con mucha frecuencia se formulan medicamentos o practican procedimientos de manera innecesaria, como ocurre con las cesáreas.

Luis Fernando Gómez U.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores

Universidades: más allá de la acreditación

Tres cartas de los lectores

Las pibas y el aborto