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hace 2 horas
Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Un año después

El proceso de paz en Colombia es el primero que se logra en la vigencia del Estatuto de Roma. El 26 de septiembre del 2016 se dio la firma en Cartagena y el pacto definitivo se cerró en el Teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre del 2016, entre el Gobierno y las Farc, guerrilla fundada en 1964. El presidente Juan Manuel Santos lo logró y por ello ganó el Premio Nobel de Paz. El balígrafo fue el protagonista en el papel. De una bala untada de sangre nació un bolígrafo armado de paz. Las víctimas de la guerra por más de 50 años fueron las primeras en votar Sí al plebiscito del 2 de octubre 2016 para lograr el acuerdo, donde ganó el No, después de una campaña de odio, envidia y desinformación. Después de un año, la implementación de los acuerdos no ha sido fácil. Todo es nuevo para todos. La JEP (Jurisdicción Especial para la Paz) sigue tropezando en el Congreso a pesar de la aprobación de la Corte Constitucional, donde dejó opciones para hacer cambios. Con las armas entregadas por las Farc a Naciones Unidas se erigirán tres monumentos en Nueva York —sede de la ONU—, La Habana y Colombia. Reconciliación y unión en este proceso nacional es lo que nos tiene que ocupar ahora y siempre.

Helena Manrique.

 

Más allá de la violencia de género

Colombia es un país que lleva consigo las secuelas de la misoginia y la injusticia. Un delirio de superioridad reviste a gran parte de la población. El caso de Yuliana Samboní es sólo uno de los tantos que se presentan día a día. Es un llamado de atención para que nos solidaricemos con quienes han sido víctimas de la violencia de género, pues quizás el problema más grande ha sido la indiferencia y el olvido al que se han visto relegadas las mujeres que han sufrido esto. Ignorar un problema que parece radicalizarse con más ímpetu no debe convertirse en algo sistémico en la sociedad colombiana. El primer paso para dirimir las barreras invisibles que nos separan los unos a los otros empieza por romper el silencio.

El hecho de ser mujer, al menos en la mayor parte del mundo, nos ha puesto en una condición de vulnerabilidad de la cual ni la propia justicia nos ha podido librar. Si bien el caso de Yuliana recibió una atención preponderante que permitió agilizar los trámites legales, no es motivo de celebración o tranquilidad. De los casos de feminicidios que se presentan en el país, menos del 10 % es sentenciado o penalizado. La Ley Rosa Elvira Cely es uno de los tantos símbolos de una guerra que se ha gestado internamente en los grupos sociales. Con el propósito de condenar fuertemente a quien utilice a la mujer como objeto de satisfacción masculina y que, además, le propicie una muerte violenta, se creó este mecanismo que busca que los agresores no puedan gozar de ningún privilegio que los exima de la pena condenatoria.

La condena a Rafael Uribe Noguera de 58 años de prisión no debería ser un motivo de celebración ni de júbilo. En Colombia, el hacer justicia se convirtió en un milagro y no en un deber ser. La violencia de género es una conducta que al parecer se ha vuelto inherente a nuestra cultura. La indiferencia frente a esta problemática ha quedado grabada en la memoria, en la historia.

Laura Vanessa Becerra González.

 

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