Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Contubernio para delinquir

Fue capturado el señor Álvaro Ashton, requerido por la Corte Suprema de Justicia, que lo acusa de delitos tan graves como parapolítica, beneficiario en la Dirección Nacional de Estupefacientes, caso Odebrecht y acceso carnal en menor de edad (son los casos hasta ahora conocidos), y no son casos aislados, son algunos de los más sonados por estos días en esta corruptela a la que ya nos tienen acostumbrados, casi que a diario, por cuenta de los “honorables” miembros del Senado de la República de Colombia y que a la vez se disputan el primer lugar de putrefacción entre algunos otros entes estatales. Como era de esperarse, el señor Ashton salió a defender su “honra, pulcritud y buenos oficios” en su carrera como representante y senador que ha fungido en un gran sector de la región Caribe colombiana.

Esperemos que se deshilvane pronto esta madeja criminal que también cobija al “muy honorable magistrado Malo”, quien mantuvo engavetado el proceso por parapolítica, supuestamente a cambio de una buena “tajada de billetes”, lo que deja ver, sin ningún tipo de tapujos, que para delinquir y salir bien librado de toda una gama de crímenes sólo es necesario contar con un buen cargo, buenas conexiones delincuenciales y, por supuesto, maravillosas sumas de dinero provenientes de los más sórdidos fondos de las economías subterráneas que tanto proliferan en nuestra Colombia.

Cada segundo que pasa, los colombianos estamos más descreídos de personas como estas, que ocupan cargos de la más alta dignidad, pero que son poseedores de una moral altamente cuestionada, dada su vertiginosa y codiciosa carrera hacia el poder y la riqueza.

Virgilio Duque Salazar. Bogotá.

La aburridora decencia

Con las definiciones la semana pasada de Iván Duque y Sergio Fajardo como candidatos presidenciales, ha surgido la idea de que ahora sí tendremos una campaña decente. Ambos candidatos, junto con Humberto de la Calle, aprovechan cualquier intervención pública para apelar a su prudencia y a evitar los ataques personales.

Si bien promover una campaña lejos de la retórica ácida que ha caracterizado a la política colombiana es deseable, hay que mirar con lupa lo que ocultan estos candidatos con sus discursos de la “decencia”.

En muchas ocasiones, esa posición es empleada para fiscalizar el tono de los reclamos sociales, acallar la diferencia y evitar los debates de fondo. Si es así, será una campaña aburridora por todas las razones incorrectas.

David Almario. Popayán.

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