Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre el tono de los políticos

El rasgo sexista dentro de la sociedad colombiana es palpable, se siente en el aire y se ve cristalizado en más de los roles que pudieran imaginarse; entre otras, porque a veces hasta las mismas mujeres hacen coro a legitimar su propia discriminación.

Sin embargo, en la escena política nacional, el asunto no puede ser referido exclusivamente a las mujeres, que ha sido la orientación general frente al tono y volumen de su discurso, y a la visceralidad que seguramente puede quedar en evidencia cada vez que un par de gritos se dejan oír en diversos escenarios, desde la plaza pública y el debate hasta las plenarias del Congreso. Los hombres también gritan, y hasta más.

Pero considero dos rasgos esenciales a tener en cuenta frente a esta cuestión, y que deben ir más allá del simple estigma machista casi inherente a la hora de los señalamientos frente a “las políticas” y su desempeño público: primero, que el debate en términos generales ha perdido altura, y son quizá los hombres quienes más cuenta dan de ello, no sólo por ser más o menos gritones, sino por la pobreza argumental que llegan a manejar, cubierta de alguna forma por el volumen de su voz y la indignación aparente frente a tal o cual cuestión propia del momento; y segundo, la existencia de situaciones muy propias del contexto colombiano capaces de sacar de casillas a cualquiera en el marco de una indignación expresada en un par de gritos.

Frente a ello, la invitación debe girar en torno a la recuperación de la calidad del debate, la solidez de la argumentación y la comprensión necesaria del desarme de la palabra -oral y escrita- que también va ligada al volumen del discurso, comprendiendo los apasionamientos que genera el defender las ideas propias y colectivas, pero ligándolo a un escenario urgente y necesario de diálogos que construyan, consensen y permitan reconocer en el otro un interlocutor válido. La política y la sociedad colombiana en general, educada en un espectro de respeto -sin miramiento de ser hombre o mujer- es necesaria en el proceso de consolidación del posconflicto.

David Rico Cárdenas, politólogo, Universidad Nacional.

De las basuras

El problema no es Peñalosa, no es Petro. El problema somos todos, pues sacamos las basuras, escombros, colchones o muebles viejos a deshoras y a medianoche con tal de no pagar el recargo o el comparendo, y los afectados somos todos. Falta mucha cultura ciudadana o “mockusmanía”, y lo peor del caso es que exigimos y peleamos por nuestros derechos, pero olvidamos nuestros deberes.

De admirar a las personas que están colocando avisos de cartulina en las esquinas de los días y las horas en que pasa el carro de la basura, pues faltó información de parte de los operadores. La invitación es al cambio, ya que estamos lejos de ser sociedad, pero cerca de ser suciedad.

Willington Penagos.

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