Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre Osuna y Madrigal

Ahora que hasta del propio The New York Times ha llegado esa oleada negativa de la autocrítica y del lenguaje políticamente correcto, incluyendo la caricatura, uno admira más a grandes dibujantes como Osuna. Sus rasgos finos, certeros, elegantes, de inagotable creatividad y valor artístico nos acompañan día a día desde las páginas de El Espectador, para añadirle a nuestra visión de la realidad su agudo sentido del humor y su sonrisa burlona, pero nunca ácida, corrosiva o de mal gusto.

Y al mismo tiempo, puntualmente, nos llega cada lunes, como una especie de modulación de Mr. Hyde, su columna, que leemos con cierta sorpresa bajo el pseudónimo de Madrigal y que nos da como la otra cara de la moneda: tenazmente conservadora, crítica de propuestas liberales, progresistas, arriesgadas, que tratan de romper esa especie de noria política que da siempre las mismas vueltas y vuelca sobre la realidad y su compleja problemática los cangilones de un agua escasa y en ocasiones turbia, que no ha logrado llevar al país por un camino de progreso, de justicia, de auténtico desarrollo.

Un ejemplo: ¿cómo es posible que por encima de calumnias, posverdades (mentiras), informaciones parciales y tendenciosas, no fuera Madrigal capaz de ver la aspiración de los colombianos no engañados a un principio válido de paz? ¿Cómo se puede preferir la guerra a la paz en un país arrastrado durante décadas por los campos ensangrentados de la violencia, el terror, la ruina total de todos los derechos humanos (para millones de colombianos), comenzando por el derecho a la vida? Y el último caso: ¿cómo se puede atacar a una comisión que busca la verdad para que se pueda alcanzar una mejor justicia?

Por eso, mi admiración irrestricta al Osuna caricaturista genial y mi resistencia irremediable al Madrigal ambiguo, equívoco y depositario de la tradición menos inteligente del conservatismo colombiano, es decir, aquella que se identifica con el populismo uribista.

Francisco Tostón de la Calle.

Sobre un editorial

Es una pena que el The New York Times haya tomado esa decisión, creo que las efímeras tormentas de opinión digital no deberían apagar los faros en los que podemos confiar. Soy suscriptor de The New York Times y también de El Espectador, mi motivación principal es la certeza de la necesidad de financiar las fuentes de información fundamentadas, rigurosas e independientes. La única recomendación es que sigan siendo un faro al que podamos mirar para tener referencias claras y poder navegar en medio de esta niebla. Dar gusto a los indignados de turno es la única forma de mantenerlos vivos —de eso se alimentan—, tal vez ese sea el indicador de relevancia y, en vez de ser una amenaza, debería verse como una confirmación de que se está haciendo un buen trabajo. Si nadie se siente incómodo con lo que se publica, el periódico se habrá vuelto insulso.

Mauricio Bejarano.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

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