Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

No al secuestro

Qué bueno que El Espectador nos recuerda el secuestro del piloto argentino Juan Manuel Fangio ocurrido en Cuba antes de que la Revolución triunfara. ¿Por qué es bueno? Porque el propio Fidel Castro nunca lo aceptó en público, así como García Márquez, desde Caracas, lo calificara como una locura y metida de pata, precisamente por considerar que el secuestro no puede ser bandera política de ninguna ideología que pretenda el poder para mejorar un estado de cosas.

Conscientes Castro y el nobel sobre el riesgo que asumía el movimiento revolucionario con el secuestro del cinco veces campeón mundial de automovilismo, alumbrados por la clarividencia de entender que incluir el secuestro como estrategia para conseguir la aprobación de un pueblo a unas ideas, antes que atraer adeptos, suma rechazos, ya que sus preocupaciones tenían todo el sentido si nos atenemos al simple razonamiento de que nadie, con un milímetro de humanidad, considera el comercio de humanos como un recurso para abrazar la libertad, la justicia y el bienestar en general, precisamente los bienes que la acción violenta destroza o arrebata con el instrumento del secuestro.

¿Acaso las Farc con su recurrente uso alcanzaron siquiera a rozar el pretendido poder? Entonces, ¿por qué el Eln insiste en maltratar a los colombianos con esta práctica que hace de la condición humana una mercancía?

Ojalá no esperemos 50 años para que entiendan, así como lo percibieron Castro, Gabo y las Farc, que las revoluciones no se ganan secuestrando.

Luis Paternina Amaya.

¿Volverá “Santrich”?

La serie de hechos ocurridos alrededor del caso Santrich me recuerda la tragicomedia a ocho cuadros del Almanaque Bristol, que solía leer cuando era joven, y cuando, por alguna extraña razón y sin ser agricultor ni pescador, buscaba en ella las fechas de los cambios en las fases de la Luna y los posibles eclipses.

Lo sucedido sería tan cómico si no hubiera puesto al desnudo las triquiñuelas que se gestan en algunas esferas del poder —judicial y político— y no afectara de manera dramática el proceso de paz en nuestro país.

Hasta yo, que soy lego en política, supuse que el hombre —inocente o culpable— pondría sus pies en polvorosa apenas tuviera la oportunidad, después de haber sido capturado en un entrampamiento en el que las autoridades nuestras no habían contribuido, o avalado, al menos oficialmente.

Y claro, reconozcamos que su liberación y reconocimiento como congresista se dio porque todavía contamos con algunas instituciones que respetan el debido proceso, aun sabiendo los riesgos que se corrían al dejarlo libre.

¿Volverá Santrich a rendir indagatoria el 9 de julio? Yo creo que sería más probable que volviera el exfiscal Martínez a explicar las verdaderas razones de su renuncia, ahora que su pupilo, el exdirector de la unidad anticorrupción, Luis Gustavo Moreno, amaga con contar “cositas” de su otrora jefe o con delatar a quien lo propuso para ese cargo; ¿quién será? Averígüelo, Vargas. Pienso en el exfiscal Martínez y recuerdo una sentencia del gran Sofocleto: “lo peor del farsante es que es auténtico”.

También creo que sería más fácil que quien puso allí a Moreno saliera a hacer un mea culpa y a pedir perdón por haberse “equivocado” proponiendo a semejante personaje tan siniestro para ocupar el puesto de zar anticorrupción.

Santrich no vuelve y le hace un gran favor al Innombrable, quien prefiere a un guerrillero en armas que a un “sicario moral” en su curul.

Como reza el adagio popular: vuelve más fácil un perro a donde lo caparon.

Fernando Augusto Cortés, Cali.

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