Por: Cartas de los lectores

Dos cartas de los lectores

Sobre la defensa de la tributaria

Su editorial “No hay que jugar con la tributaria” (El Espectador, 28/11/19) no lo esperaba. La reforma tributaria es un atentado contra la inversión social en el país, en la misma medida en que beneficia a las sociedades a las cuales les crea nuevas exenciones tributarias y les reduce aún más la tarifa del impuesto sobre la renta, que llegaría al 30 % el año entrante. Esa reducción vale $20 billones, según el exministro Mauricio Cárdenas, y $16 billones, según el tributarista Santiago Pardo, billones que ingresarán principalmente a las arcas de las grandes empresas. Pero no son $20 billones por una vez, sino por cada año de aquí en adelante si ese exabrupto es aprobado.

Estamos en presencia de una enorme indolencia de los grupos económicos, de sus agremiaciones, del Gobierno y del Congreso, si la aprueba. Después fingen no saber cuál es la causa de la protesta social. Y menos que nadie el presidente, que no ha podido descubrir quién es su “legítimo contradictor” en el conflicto que nos aqueja.

Esa reforma tributaria va en contra de que haya educación pública gratuita y de calidad para todos, al olvidar que la mejor inversión es la que se hace en el recurso humano. En contra de la reforma rural integral. En contra de la seguridad de los líderes sociales, indígenas y desmovilizados de las Farc, muchos de los cuales vienen siendo asesinados. En contra de la posibilidad de combatir la pobreza y la desigualdad de las gentes que viven en el Cauca, en el Chocó, en la región Pacífica y la Caribe y en los cinturones de miseria de las ciudades como Cartagena. En contra de la salud del pueblo que tiene tantas necesidades de este orden. Pero, como si todo lo anterior fuera poco, la deuda pública colombiana está a punto de comprometer la regla fiscal. Uno no puede imaginar qué está pensando nuestra clase dirigente, que no se ha dado cuenta de que, como se dice popularmente, el palo no está para cucharas. ¿Tomará conciencia de esto?

Sandra Sarmiento M.

Gracias a la Policía Nacional

Estoy totalmente de acuerdo con su editorial “No más ataques a policías” (El Espectador, 29/11/19). Todo mundo los juzga como si ellos no fueran seres humanos que sufren; solo hablan del paro y de los manifestantes de Bogotá. Me pregunto por lo que pasó en Santander de Quilichao, ¿eso qué fue, un juego pirotécnico? No, señores, eso fue un atentado terrorista que tuve que sentir a cinco cuadras de la estación de Policía, y les cuento que esos cilindros son aterradores: sentirlos en carne propia es otra cosa. Pero como los policías de Santander son de otro planeta, nadie pregunta cómo seguirán después del atentado. Normal, ellos siguieron trabajando, protegiendo a la comunidad, realizando todas sus labores con el dolor que solo ellos sienten por la pérdida de sus compañeros muertos y heridos. De igual manera me pregunto por qué no le han dado publicidad a la niña de 15 años que resultó herida. ¿Acaso no merece la misma publicidad que ha tenido el joven muerto en Bogotá? Esa niña estaba en su casa descansando, no estaba en la calle, repito: estaba en su casa. Muchas gracias, Policía Nacional de Colombia.

Javier Sandoval.

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