Dos convenciones, dos países

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Con el cierre de las convenciones demócrata y republicana, arranca la fase decisiva de la contienda presidencial en Estados Unidos. Además de revelar visiones y apuestas electorales opuestas, las convenciones también confirmaron que los dos partidos ven países distintos. La incompetencia de Trump en el manejo de la pandemia y el innecesariamente alto costo humano generado por ella fueron objeto de duras críticas demócratas. Mientras tanto, según la narrativa republicana y los actos presenciales realizados (ilegalmente) en la Casa Blanca —sin tapabocas ni distanciamiento social—, el COVID-19, la crisis económica y el desempleo son cosa del pasado.

En contraposición a la condena demócrata del racismo estructural y su identificación con las causas impulsadas por Black Lives Matter, los republicanos dieron prelación a los actos heroicos de la policía en aquellas ciudades supuestamente asediadas por la anarquía instigada por la izquierda radical, así como al derecho de portar armas. Para ello, una pareja de St. Louis investigada por amenazar a un grupo pacífico de manifestantes dio un controversial testimonio sobre la defensa legítima de los suburbios blancos. A manera de contraste, Gabrielle Giffords, excongresista de Arizona víctima de una masacre en Tucson, había hablado días antes sobre la urgencia del control de armas en Estados Unidos.

A diferencia del evento demócrata, en el que participó un amplio espectro de personas con mensajes diversos —desde las cualidades y capacidades de Biden y su fórmula vicepresidencial, Kamala Harris, hasta la necesidad de superar las divisiones existentes en el país—, en el republicano las figuras claves del partido estuvieron ausentes, un 50 % de los oradores principales fueron de la familia de Trump y el presidente-salvador fue el plato central de casi todos los discursos. Orador tras orador describieron las inexistentes cualidades humanas del mandatario y su falso respeto por las mujeres, las minorías y los migrantes legales, en un show tan solo digno de las autocracias. Las señales del avance del autoritarismo son inequívocas, incluyendo la purga masiva de funcionarios públicos de carrera, el despido de inspectores generales dentro de la rama Ejecutiva, el abuso del cargo de la presidencia para satisfacer intereses propios y familiares, la solicitud de ayuda a gobiernos extranjeros para asegurar la reelección y el asedio al servicio postal con miras a impedir el derecho al voto.

Incentivar la violencia y el odio para justificar el imperativo de “la ley y el orden”, otra táctica de Trump, también figuró en la convención republicana. Aunque Biden y otros oradores fueron enfáticos en condenar todo acto violento, los enfrentamientos entre manifestantes antirracistas, fuerzas de seguridad y activistas de extrema derecha en lugares como Portland y Kenosha —donde la policía acribilló a Jacob Blake por la espalda— plantean un desafío a la campaña demócrata en términos de su posición frente a la policía y la protesta social.

El mensaje explícito de ambas convenciones fue que el alma misma de Estados Unidos está en juego en estas elecciones. Si para los demócratas esta se llama democracia, decencia, igualdad de oportunidades y diversidad racial y étnica, para los republicanos significa derechos individuales y autogobierno, que en el fondo disimulan el privilegio blanco. Será interesante y terrorífico ver cuál país se termina eligiendo.

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