Por: Lorenzo Madrigal

Dos fechas de octubre: 8 y 27

No quisiera ser profeta de desastres. Y sería propenso a serlo por mi carácter taciturno y mi profunda tristeza. Me estoy preparando para el siniestro 8 de octubre, día del interrogatorio a Uribe. Si lo dejan preso, el país se conmociona. Si no pasa nada, si los presagios de una Corte parcializada y de una izquierda presta a la venganza tropiezan con alguna defensa jurídica, una leve sonrisa se dibujará en mi rostro melancólico.

Llego a pensar que los dos mejores abogados defensores del país van a adoptar, si aún es tiempo, porque cese la competencia de la Corte Suprema, haciendo que su cliente deje la condición de senador aforado y se salve por esta vez de un juicio que se ve venir del todo inequitativo y parcial.

Dicho de esta manera, estoy por Uribe, no habiéndolo estado durante su largo gobierno, cuando otros que hoy lo acusan (al caído caerle) conformaron su alto rating de aceptación. Ninguna de sus tropelías dejó de ser tema de nuestras críticas, inclusive aquellas grabaciones que le instaló a la honorable Corte la seguridad del Estado.

No es el momento ni el clima político para que se sacie la venganza contra quien representó la fuerza de la legalidad contra la insurrección, volcada en pavorosos crímenes. La izquierda política, la que actúa sin armas, así no lo diga, guarda un resentimiento contra el que considera un hombre de extrema derecha, no obstante su filiación partidaria. También se oponen a su pax romana y quieren reducirlo. Con ello golpean al Gobierno que sustituyó al de Santos, por paradoja antiguo colaborador de Uribe en el más alto rango militar.

No se ha encontrado una mejor manera de vencer, ya que se perdió en elecciones, y de socavar al nuevo régimen. Primero fue el desprestigio y luego someter a ludibrio y a cárcel a quien es reconocido soporte del actual presidente.

Por todas estas razones, el juicio a Uribe, que en ocho días podría abrirse, es del todo inadecuado en tiempo y en justicia, que no podrá ser equilibrada. De espanto es lo que puede ocurrir en Colombia en esta época preelectoral, con tal disparidad de opiniones, polarización y ofensas recíprocas, engaños, armas no entregadas, disidencias y crisis total de una paz que no ha podido verse a falta de un acuerdo nacional y por la precipitación de hacerla en tiempo record (“fast track”) y consolidarla a través de un premio internacional.

***

Un artículo de Álvaro Leyva, en un portal respetable, pretende que el expresidente caiga en las fauces de la Jurisdicción Especial de Paz, cuyos autores fueron el mismo Leyva y el abogado comunista, Enrique Santiago, lo que equivale a irrespetar sus opiniones en contra de ese tribunal paralelo. “Terco como una mula” llama, sin recato, a quien ocupó por ocho años la jefatura del Estado.

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2019-09-29T14:42:40-05:00

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