Por: Cartas de los lectores

Dos frentes graves y pendientes

Es alentadora la información sobre programas dedicados a la niñez y la adolescencia, como el “De cero a siempre”, para enfrentar la desgracia de la desnutrición infantil en las regiones más pobres del país, en el marco de las exigencias de los nuevos objetivos de desarrollo del milenio.

Son iniciativas que, acompañadas de buenas investigaciones, se convierten en excelentes caminos para aportar a la paz integral de la gente. (El Espectador, 06-08-15).
 
Justamente porque debe ser integral, se observan con preocupación dos frentes graves y pendientes por parte del ICBF y de las alcaldías relacionados con la alimentación ofrecida en los centros educativos oficiales; y el maltrato infantil y violaciones en centros de atención y hogares comunitarios. Con respecto al primer frente, ya lo anotaba Gustavo Gallón Giraldo en su columna Pacto de derechos humanos: para vivir en paz (El Espectador, 06-08-15): “una promesa honorable de dar prioridad a la garantía de disfrutar de los derechos económicos, sociales y culturales básicos a toda la población colombiana en un plazo breve, por lo menos en alimentación, educación, saludos y vivienda”. El ICBF y las alcaldías no han prestado la atención necesaria en todo lo relacionado con el sistema de alimentación en escuelas y establecimientos públicos, al punto que no tiene idea de los carteles que se organizan para la distribución de alimentos y raciones. Y lo más grave, no tienen la menor consideración con el personal que los prepara en cada sitio. A ellas, porque generalmente son mujeres, se las denomina manipuladoras de alimentos y, supuestamente, son seleccionadas entre las madres de familia con el ánimo de colaborar, cuando en realidad están convertidas en verdaderas esclavas, con un pago infeliz que lo hacen cuando les da la gana, unos horarios infames y una disciplina ridícula, como obligarlas a que no consuman alimentos dentro del restaurante durante toda la jornada porque, al decir de ciertos directores de esas alianzas temporales, “los alimentos son solo para los niños”. Que vivan del aire, mientras esos empresarios organizan muy bien sus carteles o el robo encadenado y sistematizado, en vez de organizarlas con un reglamento como manda la ley. 
 
El otro frente tiene las mismas dimensiones del anterior. Los famosos hogares comunitarios no son más que casas en condiciones no aptas, sin normas de seguridad, descuidadas. Allí también se maneja el tema de distribución de alimentos; no cuentan con material didáctico pese a que las luchas de las madres comunitarias que al final se organizaron lograron que les pusieran atención. Pero todavía no ha sido suficiente pues las violaciones es algo que jamás debe ocurrir. Y eso es más que criminal.
 
Estos temas tienen tanto de largo como de ancho, pero los dejo planteados, aunque tampoco es para que ahora el ICBF y las alcaldías jueguen tenis.
 
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
 
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