Por: César Rodríguez Garavito

Dos ideas para regular Uber y Facebook

En apenas un par de años, las tecnologías digitales y las empresas que las dominan han pasado de héroes a villanos. El sueño de internet y las redes sociales —conectar a todos los humanos y democratizar el conocimiento— se convirtió en la pesadilla de plataformas que dividen las sociedades en tribus, se apropian de los datos personales, difunden noticias falsas, vigilan y manipulan la conducta humana, y acaban con millones de puestos de trabajo. A la vez que acumulan datos, poder y dinero, compañías como Google, Facebook, Amazon, Twitter y Uber se han vuelto tan indispensables como perniciosas en la nueva era que Shoshana Zuboff ha llamado acertadamente “el capitalismo de la vigilancia”.

¿Cómo mantener lo uno sin lo otro? ¿Cómo regular las plataformas para que sigan conectando a la gente sin acabar con la privacidad, las condiciones decentes de trabajo y las democracias? Junto con reglas contra la crisis climática, este es el desafío regulatorio que va a definir lo que queda de este siglo.

Ya se conocen las críticas. Lo que hace falta son propuestas imaginativas y factibles para regular las plataformas. Algunas pueden venir del pasado, como la vieja y excelente idea de proteger derechos de los trabajadores, como tener un día de descanso, ganar un sueldo que permita sobrevivir, poder quejarse en casos de maltrato y otras cosas que se pensaban elementales, pero que están en peligro por el modelo de negocios de plataformas como Uber y muchas otras.

Esa es la idea de la nueva ley en California que implica que los conductores de Uber y los trabajadores de otras plataformas sean considerados empleados de la compañía, en lugar de trabajadores independientes. En realidad, Uber y las demás plataformas tienen los mismos poderes sobre sus “colaboradores” que tienen los empleadores sobre los trabajadores. Tienen un poder aún mayor y arbitrario porque les impiden a los conductores comunicarse entre sí. Ajustar la ley a la realidad es un primer paso para lograr un mejor balance en la regulación de la economía digital.

Otras ideas pueden venir del futuro, como la que acaba de plantear Jaron Lanier, el inventor de la realidad virtual y quizás el pensador más lúcido en el debate sobre cómo recuperar las promesas de la era digital. En una serie de videocolumnas, Lanier propone algo de sentido común pero revolucionario: que las compañías les paguen a sus usuarios por el beneficio económico que reciben de los datos personales que recopilan de ellos. Y que los usuarios, a su vez, paguen por los servicios de las plataformas y otros servicios en línea.

De esa forma los usuarios de servicios como Facebook y Twitter no pagaríamos con nuestros datos y nuestra privacidad. Las plataformas no tendrían incentivos para mantenernos pegados a las pantallas con algoritmos que premian mensajes ofensivos. Y los creadores de contenidos digitales —periodistas, diseñadores, artistas— podrían vivir de su trabajo.

No va a ser fácil y las compañías se resistirán a los cambios. Pero llegó la hora de replantear las reglas de la economía digital.

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2019-09-27T00:00:42-05:00

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2019-09-27T00:15:02-05:00

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