Por: Columnista invitado

Dos incisos de un artículo son declarados inconstitucionales y mMedio país asume el fracaso del proceso de Paz

Por Cielo E. Rusinque Urrego

Como un baldado de agua fría cayó a los que le apostamos al proceso de paz el comunicado que el Presidente de la Corte Constitucional emitio la semana pasada, informando la declaración de inconstitucionalidad de dos incisos de uno de los artículos del procedimiento legislativo abreviado fast track.

La sorpresiva noticia rápidamente se tradujo en fatalismo, pues no son pocos los que se aventuran a anunciar el fracaso de las negociaciones y del proceso de paz. Teorías complotistas y suspicacias no se han hecho esperar. Que esta inesperada decisión haya tenido el apoyo determinante del recién posesionado Magistrado Carlos Bernal Pulido de inmediato lo convirtió a él en anticristo, al presidente Santos en traidor y a una buena parte de abogados, periodistas y comentaristas, en especialistas del Régimen de impedimentos y del test de Sustitución.

Un ambiente lo suficientemente agitado como para desmotivar a las Farc a seguir transitando en un proceso de dejación de armas al que le falta en principio tan solo una semana para terminar y en el que el llamado de las Farc a una asamblea permanente, junto al clamor de su abogado Enrique Santiago por la necesidad de una constituyente eran de esperar.

¿Y ahora, quien podrá salvarnos? Pareciera ser la reacción menos pesimista. Sin embargo, ni la declaratoria de inconstitucionalidad de los dos incisos referidos pone verdaderamente “en jaque” el proceso de paz, ni la controvertible tesis de la sustitución constitucional fue aplicada por aprendices en la materia o por “enemigos de la paz”.

El video revelado por Noticias Uno, en el que el magistrado Bernal controvierte ciertos aspectos del proceso, fue registrado dentro de un marco académico en un espacio por naturaleza crítico. Aunque a través de dicho video se puede conjeturar la reticencia general del magistrado frente al proceso de paz, su opinión tiene que ser evaluada en el contexto, es decir, más de un año antes de firmarse el acuerdo final. Muchas fueron las críticas y las propuestas hechas desde la academia en aras de ayudar a construir un mejor acuerdo; y muchos los que, a pesar de algunas reticencias iniciales, nos fuimos convenciendo con el pasar del tiempo de la conveniencia, seriedad y necesidad de aprobar el resultado final. Las críticas o reticencias durante el proceso de negociación no significan entonces necesariamente oposición al acuerdo en su versión final.

Igualmente controvertidas han sido algunas posturas académicas del magistrado Bernal, por su aparente contradicción con anteriores argumentos respecto a la teoría de la sustitución hoy en cuestión. Sin embargo, una sociedad que reclama ética y respeto de las instituciones tiene que comenzar por partir del principio de buena fe de sus funcionarios. En consecuencia, se debe dejar a los especialistas en la materia y a las instituciones encargadas la realización de los controles y juicios a que haya lugar. De lo contrario, antes que velar por la institucionalidad con nuestros acostumbrados juicios prematuros, estamos ayudando a quebrantarla.

Ahora bien, aunque el fallo de la Corte no ha sido publicado en su totalidad, varias cosas están claras y con base en ellas podemos tener un parte de tranquilidad: 1) El fallo no es retroactivo, es decir no aplica para los temas que ya habían sido implementados por la vía de fast track: Ley de amnistía y JEP, los cuales no son temas menores. 2) El presidente conserva (aunque no de manera exclusiva) la iniciativa legislativa. 3) Las leyes que por esta vía sean propuestas y aprobadas tienen que guardar conexidad con el Acuerdo. En este sentido, el presidente conserva la posibilidad de objetarlas, previamente al control constitucional. 4) Se siguen conservando los cuatro debates, punto fundamental del fast track. 5) El protagonismo que con esta medida volverá a tener el Congreso blindará lo acordado respecto al permanente cuestionamiento de la falta de legitimidad.

Este no será ni el primero, ni el último de los obstáculos de un macondiano ambiente de reconciliación nacional. Las víctimas, el Gobierno, las Farc, las instituciones y hasta los opositores, todos en Colombia hemos dado grandes pasos en la construcción de este proceso de paz. Del afán no queda sino el cansancio, máxime si hemos esperado más de 50 años para llegar a estas instancias. Matamos el tigre y nos asustamos con el cuero. No es tiempo para dar ni un solo paso atrás.

* Constitucionalista, máster en Estudios Políticos. Doctorante en derecho constitucional en la Universidad Paris II Panthéon-Assas.

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