Carlos Fernando Galán presenta sus propuestas a la Alcadía de Bogotá

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Por: Lorenzo Madrigal

Dos informes desesperados

Han sido dos artículos de parecida extensión los que se han publicado recientemente en el antiguo diario de los Santos sobre el tema de la paz y su estado actual. Uno del propio expresidente, más esperanzador, con el consabido cobro a sus adversarios políticos, y otro francamente devastador, a cargo del ex alto comisionado, don Sergio Jaramillo.

Santos bien reconoce, en lenguaje coloquial, que el camino de la paz es natural que haya sido “largo y culebrero”, adicionándole a largos párrafos una cita más culta, sin atribuirla a su fuente cervantina, aquella de “ladran, luego cabalgamos”, colgándosela, por supuesto, a los adversarios del controvertido proceso. No sobra destacar la alusión, tampoco atribuida a su autor, del “mentid, mentid, que algo queda”, dicho que el expresidente atribuye a la extrema derecha de hoy, no sé si ignorando que data de Voltaire.

Es muy propio que Juan Manuel Santos se explaye en defensa de su obra cumbre, la que, según él, no ha de llamarse la paz de Santos, sino, al parecer, la verdadera paz. Cierto es que fueron otros los que elaboraron el difícil consenso, para no decir que todos se sometieron a la fase final y determinante, a cargo de los abogados Santiago y Leyva, constructores del meollo de cuanto se había conversado, cual fue la Jurisdicción Especial de Paz.

El caso Jaramillo es dramático. Da pavor y lástima. Concluye que el retiro del proceso y la retoma de las armas por el segundo si no el principal firmante de la cesación de hostilidades equivale a un desastre natural de proporciones. Afirma, entre otras cosas, que en vano nos preocupamos por el cierre de la vía al Llano y asuntos de ese estilo (por cierto, de no suficiente atención por el actual Gobierno), cuando el famoso video de Márquez y Santrich merece toda la atención, en lo que parece exagerar. Otro aspecto destacado de sus afirmaciones es la certeza de la instalación guerrillera en Venezuela.

En el fondo se reconoce el grave error de asentar los acuerdos en país tan comprometido con la rebelión colombiana como Cuba o designar enemigos en mayoría de garantes. Restarle importancia a esa ventaja fue un desacierto del negociador colombiano. El resultado de aquel pacto, que trastocó por demás la Constitución de la República, es la tensión que hoy se vive por la retoma de las armas. Jaramillo aboga por un acuerdo político para enfrentar la crisis, en el que él participaría, “por supuesto, desde afuera”.

***

Si el principal negociador se aparta de los acuerdos, resulta irónico denominarlo disidente. Es la caída de un proceso. Bien por las curules conseguidas mientras persista la buena voluntad de los reinsertados y no sean tentados por el llamado de Venezuela para desestabilizar a Colombia.

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2019-09-09T00:00:07-05:00

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2019-09-09T00:15:02-05:00

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